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Navidad, educación y autoritarismo.

28 noviembre 2016

Existen dos tipos de padres (existen muchos, pero voy a hablar de dos específicamente): los padres que antes de nacer sus hijos ya saben en qué colegio y universidad estudiarán, cómo ejercerán la disciplina, a qué edad irá a la guardería y hasta cuál será su primer alimento complementario, y los que sobre la marcha vamos aprendiendo de nuestros hijos y tratando de decidir lo que es mejor para ellos acorde a nuestra forma de ver el mundo y su desarrollo -adquiriendo una visión crítica del entorno-. Leer más…

A propósito del día de la noviolencia contra las mujeres

25 noviembre 2016

¿Qué es el parto humanizado y la violencia obstétrica?

Debo empezar este escrito explicando algo que quizás resulte evidente para algunas personas, pero que no necesariamente lo es para todas las personas, y es que la violencia no solamente ocurre cuando alguien te grita o te golpea, que también es violencia cuando alguien te hace sentir mal indebidamente, cuando alguien usa su poder para obligarte a hacer algo que no quieres hacer (más aún cuando pone en peligro tu vida y la de tu bebé), incluso cuando te realizan procedimientos en tu cuerpo de los cuales no te han informado. Como mujeres vivimos violencias diversas, de todo tipo, algunas más notorias, otras más sutiles, y otras que pueden ser sutiles o notorias según el caso, como la violencia obstétrica.

La modernidad ha traído consigo avances médicos como el conocimiento de el efecto de virus y bacterias en el organismo y la necesidad de establecer protocolos de bioseguridad que han ayudado a reducir considerablemente las cifras de mortalidad materna y neonatal, pero también ha traído consigo formas de dominación del cuerpo y de la vida antes inimaginables, y en el acto de la gestación y el parto se empieza a evidenciar la creciente infantilización de la mujer/madre y el pasar de verla como un sujeto activo, sano y con derechos, a verla como un sujeto enfermo y sin condiciones de decidir por si misma.

De todos los pacientes que entran a una sala de urgencias, la madre es realmente la única paciente que generalmente entra sana, no obstante se le trata como enfermo cuando se le aísla de su familia, de sus seres queridos y se le somete a un montón de procedimientos sin siquiera informarle las consecuencias de cada uno de ellos en su vida y en su parto.

Con los mismos avances de la ciencia se ha logrado descubrir el efecto positivo que tiene en el parto que la madre se sienta cómoda, a gusto, acompañada de sus seres queridos, que pueda moverse durante el transcurso del parto, que no tenga que estar monitoreada permanentemente, el papel de hormonas como la oxitocina y la relaxina, la primera, conocida también como la hormona del amor, se genera más fácilmente en condiciones de tranquilidad, bajo luz tenue, es una hormona fundamental en el proceso del parto y se inhibe bajo condiciones de estrés. Por su parte, la relaxina ayuda a soltar los ligamentos de la pelvis y ablandar el cuello uterino, permitiendo así que se lleve a cabo el proceso de parto (sentenciar que una mamá es de “caderas estrechas” de algún modo implica desconocer el papel de esta hormona, normalmente el bebé que se gesta en el vientre puede nacer de forma natural de su madre, independiente de su tamaño).

La cesárea, por su parte, es un procedimiento quirúrgico importante, que si bien ha avanzado considerablemente y ha permitido evitar muchas muertes maternofetales, también ha llegado al punto de hacerse por moda, por confort, y lo más delicado: por desinformación. Es así como se ha llegado al término de “cesáreas innecesáreas”. La ceśarea, como todo procedimiento quirúrgico, tiene sus riesgos, incluyendo mayor probabilidad de alergias en los niños, se ha estudiado el papel que juega el proceso del parto en el desarrollo pulmonar del menor, así como se ha estudiado la diferencia de bacterias benéficas en el intestino entre niños que nacen por parto natural y cesárea (entendiendo la vagina como un canal portador de estas bacterias benéficas que son transferidas de la madre al hijo durante el parto), en la madre, se ha estudiado el papel de las cesáreas y su posible aumento de las depresiones posparto, así como un aumento en la dificultad de establecer la lactancia, de especial importancia en las primeras horas de vida. También existen casos -raros, pero existen- de corte de otros órganos importantes, corte a los tejidos del bebé y la adquisición de infecciones nosocomiales o intrahospitalarias.

En cuanto a la lactancia, existe un consenso científico con bastante soporte sobre la importancia de establecer la lactancia en la primera hora de vida del neonato, sin darle leches de fórmula y permitirle el contacto piel con piel con la madre siempre que sea posible (o en su defecto con otro cuidador cercano), es además un derecho de la madre saber si su hijo vive y está bien. A pesar de ello, a muchas madres se les priva de ese contacto con sus hijos y a sus bebés se les da formula sin siquiera consultar e informar a la madre.

Sobre el corte del cordón umbilical hay distintas conclusiones, pero la mayoría apunta a que el corte tardío (sobre los 2-3 minutos de nacido el bebé) permite al menor obtener nutrientes y hemoglobina que le serán de gran aporte. No obstante el protocolo más efectuado es cortar el cordón en tanto nace el bebé.

Hay maniobras totalmente desaconsejadas como la maniobra Kristeller, la cual consiste en empujar el bebé (para “ayudarle a nacer”) haciendo presión sobre el abdomen de la madre, sobre esta maniobra no se han documentado efectos positivos en el proceso del parto y, por el contrario, se han documentado riesgos que implica en la vida de la madre y el bebé.

Otro procedimiento, la Episiotomía ha pasado de ser un procedimiento ocasional, a establecerse en muchos hospitales como parte del protocolo, sobre este procedimiento quirúrgico (que consiste en cortar parte del periné durante el proceso del parto) no se ha documentado que realmente permita facilitar el proceso del parto, por el contrario, se ha observado que las mujeres que sufren desgarros espontáneos generalmente se recuperan en la misma cantidad de tiempo o en menos tiempo y, a menudo, con menos complicaciones que aquellas a las que se les realizan episiotomías. Adicionalmente, las mujeres a las que se les practica una episiotomía tienden a perder más sangre en el parto, tienen más dolores durante la recuperación y tienen que esperar más tiempo para tener relaciones sexuales sin sentir molestia (sin contar los casos en que terminan con disfunciones permanentes). A pesar de esto a muchas madres se les realiza episiotomías de rutina sin siquiera informarles.

Luego de una serie de sucesos no favorables para el parto natural (acostarse y estar en contra de la gravedad, bajo monitoreo permanente, estrés y ansiedad que terminan inhibiendo la oxitocina natural, luego la oxitocina sintética aparece para acelerar un parto cuyos tiempos y procesos naturales no se les ha permitido -generando a veces más dolor-) aparece la Epidural como la salida al dolor de un parto que misteriosamente se ha estancado, terminando en cesárea en la mayoría de los casos. No se concibe un parto sano, en movimiento,ni métodos para calmar el dolor como usar un balón, caminar, cambiar de posición, recibir masajes de la Doula o pareja, o incluso una bañera con agua tibia en un ambiente cálido y agradable.

Algunos partos incluyen procesos que pueden vulnerar la intimidad o la idiosincrasia de la madre, la afeitada de rutina se ha observado que no solo no es necesaria para mantener la asepsia sino que a veces puede facilitar infecciones e irritación. Por su parte el enema (laxante que se introduce por vía rectal para “limpiar el colon” durante el proceso del parto) se ha demostrado que no acelera el proceso del parto de forma significativa y tampoco afecta la seguridad o asepsia del proceso de forma significativa, por lo que se sugiere que se realice solo a demanda (no de forma rutinaria). Aún así hay madres a las que les rasuran o les aplican enema sin preguntarles.

De forma menos común, pero constituyendo una violencia más notoria están los casos en que se cuestiona la sexualidad de la madre (“¿cómo para concebirlo si no lloró/gritó?”) Muy frecuentemente se tienden a censurar los gritos en un momento en que la madre entra en un estado de consciencia diferente, en que su cuerpo se abre para dar a luz una nueva vida.

Un hecho con el que se han logrado más concesiones recientemente es con el permitir el acompañamiento del esposo y/o la doula durante el parto hospitalario, cada vez más hospitales lo permiten, igual que el permitirles ser parte del proceso (otro capítulo pendiente es el pensar si privar al padre de involucrarse durante el parto constituye también violencia de género hacia ellos) cortando el cordón umbilical, y permitir el contacto temprano piel a piel, quizás sea un buen comienzo para un camino largo, en el que debe quedar claro que no solo hasta allí llega la búsqueda de un parto humanizado.

Existe quizás una confusión bastante generalizada respecto a la diferencia entre un parto natural y un parto humanizado, y dada la amplia documentación existente es posible concluir que no todo parto natural (fisiológico, etc) se da de forma humanizada ni todo parto humanizado es parto natural.

La imagen clásica de la madre acostada a la que le indican cuando pujar y que no puede gritar es quizas un indicio de lo normalizado que está el ver a la madre como un paciente enfermo, y también la surgiente moda de programar las cesáreas acorde a la agenda de la madre o del obstetra (a veces con información falsa del tipo “tus caderas son muy estrechas”, “tú no puedes parir un bebé tan grande”, entre otras) sin contar el desarrollo pleno del bebé da cuenta de lo desconectados que estamos del proceso natural de parir.

Pero así como existen cesáreas innecesáreas también existen cesáreas humanizadas, en casos en que la madre -plenamente informada de los riesgos- decide tenerla y se respeta su decisión, como en casos de alto riesgo en donde la cesárea es la única forma de salvar la vida de la madre o el bebé, y se da de forma armoniosa, sin maltrato físico o psicológico, por el contrario.

Todo esto para hacer un llamado a informarnos, a revisar los postulados de la OMS respecto al parto, la norma técnica de atención al parto del ministerio de protección social, así como el conocer el proceso mental y hormonal por el que suele atravesar una mamá en trabajo de parto.

Además de informarse, es de destacar también el deber del personal de la salud a la hora de realizar cualquier procedimiento, explicar posibles consecuencias de cada cosa es parte fundamental del consentimiento informado: ver en la madre un ser pensante capaz de decidir por si misma. Igual de importante es soñarse y tener un plan de parto, pensar no solo como te sueñas el parto, sino qué quisieras que pasara si las cosas se dan de otra manera.

Por último, recordar que existe también personal de apoyo valiosísimo como son las doulas y doulos, las asesoras de lactancia y de porteo. Y por supuesto, “la tribu”. La violencia obstétrica es violencia de género, es una violencia que nos toma en un momento íntimo, importante y sublime, quizás la construcción de un mundo en paz comience por un mundo donde los que lleguen, lleguen sin violencia para ellos o sus madres. Eso, justamente, es lo que busca el movimiento por un parto humanizado.

Escobar en Netflix: la historia incompleta.

22 septiembre 2016

Como Colombiana y persona que apoya todo intento por recuperar la memoria y mantener la libre expresión, me siento contrariada con el hecho de que en un momento tan histórico para nuestro país, el mundo hable de nosotros nuevamente por Pablo Escobar. Me parece injusto, como es injusto si de Alemania sólo se hablara de el Nazismo, de España el franquismo o de Chile o Argentina sus dictaduras. Leer más…

Cicatrices

20 septiembre 2016

Circula en las redes con frecuencia esa historia de la “carpintería de oro” o kintsugi, el arte japonés de reparar la cerámica dañada con resina y polvo de oro, plata u otros. Es el ejemplo que suelen poner para mostrar la forma en que se pueden resignificar las cicatrices en la vida.

En la maternidad pareciera existir algo especialmente urgente: recuperar el peso, no tener estrías, y que a fin de cuentas ni se note que eres la madre de la criatura que tienes en brazos. Y es ahí, en un momento en el que apenas llegamos al mundo, en el que ya vivimos la presión de que nuestras madres (nuestro primer ejemplo) pasen por encima de las cicatrices, se avergüencen de ellas y las eviten.

Mi vida corta pero agitada me ha traído consigo varias de ellas, desde esas físicas, las de niña, mi caída a los 18 que afectó mi sonrisa, mi cesárea a los 25, mi fractura de fémur a los 26 y la horrible cicatriz luego de la segunda cirugía (que aún me rasca) para empezar a extraer el material de osteosíntesis… Hasta esas del corazón: la amiga que se besó con quien yo me dí mi primer beso, los romances no correspondidos, las terminadas una y otra vez de aquel noviazgo, y la más difícil de todas, esa vez que ví la felicidad de ellos que se dió justo un día después de que habíamos terminado.

Para que fueran cicatrices todas tuvieron que pasar por un proceso de sanación, y hoy, a mis 27, aún cojeando, puedo decir que he sanado bastante.

El proceso de resignificación ha sido más complejo: ver cada cicatriz dejada por cada herida como un aprendizaje, y tal vez por eso las porto sin vergüenza, entendiendo que esa humana con cicatrices soy yo, y que cada una de ellas es parte de mi historia, de mi paso, pasajero, en este mundo.

Como madre siempre ví mi cesárea con agradecimiento, con ese cuerpo que había gestado vida y que se abrió enfrentándose a la muerte para traer al mundo a mi hija -aún cuando esa herida no sanó fácilmente-.

Por todo eso hoy simplemente quiero abrazar mi humanidad, y dar gracias a la vida por cada caída, cada herida, cada lágrima, cada cicatriz, y por las que vienen. También a las personas que han llegado, a las que se han ido y a las que me han perdonado y enseñado a perdonar.

Una breve historia para el posconflicto en Medellín y receta para Julio sin Plástico.

11 julio 2016

Una breve historia para el posconflicto en Medellín.

Recuerdo que cuando se estaba organizando el año pasado un evento en el que trabajé una de las cosas que se conversaron fue si el hecho de hacer un foro sobre el posconflicto era pertinente o no. Sé que se organizó un espacio genial pero quizás por poca convocatoria la asistencia fue poca. Al final se decidió hablar mejor de paz, porque la palabra posconflicto es aún un poco polémica. Algunas personas consideran que el posconflicto aún no está ocurriendo. Por su parte ONG como Vivamos Humanos sí ha encontrado situaciones de posconflicto en el país, que cada vez se dan en mas territorios. Leer más…

“Porque toda mujer debería ser madre”

5 julio 2016

Esa frase la escucho desde hace muchos años, es una idea recurrente de muchas mujeres en especial madres manifestar que todas las mujeres deberíamos tener uno o más hijos, que es una experiencia de vida única que ninguna mujer debería perderse.

Yo siempre he discrepado con esta idea, tanto antes que no quería traer hijos al mundo como ahora que soy madre. Siento que reduce la mujer a su genitalidad y a su capacidad de concebir como si no pudiésemos aportar ninguna otra cosa al mundo, me parece que es tan duro con una persona que no quiere tener hijos como con aquellas que queriendo tener hijos no han logrado tenerlos.

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Blogroll, ambientalismo, proceso de paz y receta.

29 junio 2016

Blogroll

Fue de las primeras cosas que aprendí cuando empecé en WordPress. También lo enseñé en los talleres de blogs que dí: No es cuestión solo de que te lean, sino de tejer redes.

Hoy reviso mi blogroll y lo actualizo, con la nostalgia que solo sabe entender alguien que lleve más de seis años blogueando (en mi caso son como 10, hay gente que lleva más), esa de ver que al fin y al cabo mantener un blog vivo no es cosa fácil (muchos ya ni existen), y que toparte con un post viejo te puede sacar lágrimas. Leer más…