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Dar teta

29 marzo 2017

De como un acto aparentemente sencillo puede ser una revolución.

LA VENDAVAL

Hemos aprendido a ser mujeres en un mundo donde un acto natural puede ser un acto revolucionario. Hemos comprendido la belleza de nuestros cuerpos con la visión borrosa por ese cóctel que mezcla la moral y el porno en la misma copa, ese que nos ha enseñado que sólo somos bellas cuando nos sometemos: en la cama y en la mesa, putas y señoras siempre de otro, siempre al servicio de un señor.

Es por eso que toda posible vivencia de nuestro cuerpo que no satisfaga el deseo masculino se nos presenta grotesca: nuestra menstruación, nuestra gestación, nuestras hormonas y nuestra naturaleza cíclica son un tras bambalinas que no desea ver quien paga por el show. Y por supuesto, una teta amorosa que se escapa de un corpiño sin encajes es uno de esos hermosos mecanismos que se nos ha dado para mover el mundo, pero que tenemos que esconder e incluso evitar, para que nuestro cuerpo no deje…

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Regreso al sexo químicamente puro.

20 marzo 2017

“Muere lentamente quien evita una pasión

y su remolino de emociones,

justamente éstas que regresan el brillo a los ojos

y restauran los corazones destrozados”.

Pablo Neruda.

Sábado en la tarde. Pedregal. Salir de dar taller y esperar en la esquina. ¿Esperar qué? no recuerdo, el microbús quizás. Al fondo suena Ilegales y recibo una invitación a una cerveza. Acepto. Leer más…

Hablemos de conciliación (o del experto en Corea)

12 marzo 2017

En días recientes se ha hecho viral en la red un vídeo en el que el experto en Corea Robert Kelly es interrumpido por sus hijos mientras es entrevistado en vivo para la BBC.

El vídeo ha dado todo de que hablar, pero principalmente se ha difundido por lo gracioso, porque es un personaje importante que está siendo entrevistado en un medio importante y de repente es interrumpido por la inocencia de sus hijos, cuya madre quizás andaba ocupada en otras labores y cuyo padre olvidó poner el seguro a la puerta… Porque quizás a todos los que somos padres alguna vez nos han interrumpido nuestros hijos en nuestras labores profesionales, alguna vez se te ha ido un “sdfasvartowpie0’+” al chat de trabajo escrito por tu hijo que tomó accidentalmente el celular, o alguna vez la voz de fondo de esa llamada o videollamada importante fue tu hijo haciendo alguna monería. Es decir, lo chistoso radica en que en parte, nos sentimos identificados, quizás también porque nos recuerda que en muchos hogares hay hijos, que lamentablemente en nuestra sociedad han pasado a ser humanos de tercera categoría que deben estar recluidos un alto porcentaje de sus vidas en guarderías, para luego estarlo en la escuela, luego en el colegio, la universidad, y finalmente en un escritorio hasta el fin del día (no es una generalización, por supuesto, también hay trabajos más y menos riesgosos que estar frente a un escritorio).

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Las matrisolteras

15 febrero 2017

Hoy, que todo el mundo tiene un apodo para las madres: que madre oso, que madre helicóptero, que madre caneca… Veo que poco se habla de la matrisoltería, nombre inventado quizás para seguir el juego.

¿Qué es la matrisoltería? Es ese estado en el que entra una mujer que es madre, que ha decidido vivir con su pareja, pero su pareja pasa por fuera del hogar un buen porcentaje del año. No tenés el apoyo que significa tener una pareja todo el tiempo, pero tampoco tenés el apoyo social que puede llegar a tener la soltería (que no siempre lo tiene, ni los esposos, compañeros o como se les quiera llamar, siempre representan un apoyo, pero ese es otro tema).

Una matrisoltera es una mujer, sí, mujer, que corre serio peligro de olvidarse de que lo es -aparte de ser madre-: ¿cuándo tuvo por última vez tiempo para si misma sin pensar en que en cualquier momento se aparecerían unas manitas pequeñas buscando abrigo? ¿cuándo fue la última vez que tuvo una noche de salir sola sin pensar en la hora de llegada? Fuese a ver cine, a teatro, o a tomarse una cerveza en el parque con algún amigo -cosa que por el absurdo nuevo código de policía de Colombia ya no es posible, por cierto-. Leer más…

El valor de lo sencillo

26 enero 2017

“Cuenta la historia que Diógenes, el filósofo griego, se encontró con Alejandro Magno cuando este se dirigía a la India. Era una mañana de invierno, soplaba el viento y Diógenes descansaba sobre la orilla del río, sobre la arena, tomando el sol desnudo… Era un hombre hermoso. Alejandro no podría creer la belleza y gracia del hombre que veía. Estaba maravillado y dijo:

-Señor -jamás había llamado señor a nadie en su vida- …Señor, me ha impresionado inmensamente. Me gustaría hacer algo por usted, ¿hay algo que pueda hacer?
Diógenes dijo: -Muévete un poco hacia un lado porque me estás tapando el sol, esto es todo. No necesito nada más.
Alejandro contestó: -Si tengo una nueva oportunidad de regresar a la tierra, le pediré a Dios que no me convierta en Alejandro de nuevo, sino que me convierta en Diógenes.
Diógenes rió y dijo: -¿Quién te impide serlo ahora? ¿a dónde vas? Durante meses he visto pasar ejércitos ¿a dónde van, para qué?
Dijo Alejandro: -Voy a la India a conquistar el mundo entero:
-¿Y después qué vas a hacer?. Preguntó Diógenes.
Alejandro dijo: -después voy a descansar.
Diógenes se rió de nuevo y dijo: -Estás loco. Yo estoy descansando ahora. No he conquistado el mundo y no veo qué necesidad hay de hacerlo. Si al final quieres descansar y relajarte ¿Por qué no lo haces ahora? Y te digo: Si no descansas ahora, nunca lo harás. Morirás. Todo el mundo se muere en medio del camino, en medio del viaje.
Alejandro se lo agradeció y le dijo que lo recordaría, pero ahora no podía detenerse. Alejandro cumplió su destino de conquistador, pero no le dio tiempo a descansar antes de morir”.
Tomado de: Nueva Acrópolis España.

Una de las creencias más comunes de las personas que no tienen hijos y gustan de ofender a quienes sí los tenemos es que somos unos irresponsables que están acabando con el mundo, muchos otros consideran tener hijos como un lujo que no pueden darse, o que, de dárselo, representa necesariamente cierto estatus social. De algún modo nos acostumbramos a un modo de vida consumista que piensa que por defecto hay que realizar una cantidad de gastos que son realmente prescindibles: dar compotas en vez de frutas, y así con montones de cosas desechables que van a engrosar las pilas de rellenos sanitarios.

Yo también caí, también compré cosas que a la par me dí cuenta de que eran innecesarias, pero afortunadamente no tardé mucho en darme cuenta de que otras opciones eran posibles, también gracias a la crianza que yo misma había recibido sabía que podía necesitar menos cosas de las que en el imaginario colectivo occidental se cree que se necesitan.

Pero esto no solo pasa en la crianza, y ahí está el error de quienes nos acusan: ¿cuántos cambian de celular más de una vez al año de cuenta de la obsolescencia programada? ¿y de pc, tablet, carro…? ¿pensarán acaso que sus múltiples accesorios dependen de la minería y del petróleo? Y es que así como una crianza puede resultar poco contaminante, una vida adulta puede contaminar más que familias enteras, y eso sin tocar temas como la tenencia de mascotas, hoy día hay mascotas para las que sus dueños consumen más de lo que consumen humanos y hasta familias en otros lados del mundo.

Hace dos años ví unas cifras espantosas: en un mundo de 7.000 millones de habitantes, que produce alimentos para 12.000 millones, 900 millones de seres humanos mueren de hambre. Deforestamos bosques, contaminamos ríos, acabamos con la vida silvestre con la excusa de que nuestra población lo necesita, pero realmente todo ese “progreso” no va a parar sino a una pequeña minoría, adivine cuál. Leer más…

Navidad, educación y autoritarismo.

28 noviembre 2016

Existen dos tipos de padres (existen muchos, pero voy a hablar de dos específicamente): los padres que antes de nacer sus hijos ya saben en qué colegio y universidad estudiarán, cómo ejercerán la disciplina, a qué edad irá a la guardería y hasta cuál será su primer alimento complementario, y los que sobre la marcha vamos aprendiendo de nuestros hijos y tratando de decidir lo que es mejor para ellos acorde a nuestra forma de ver el mundo y su desarrollo -adquiriendo una visión crítica del entorno-. Leer más…

A propósito del día de la noviolencia contra las mujeres

25 noviembre 2016

¿Qué es el parto humanizado y la violencia obstétrica?

Debo empezar este escrito explicando algo que quizás resulte evidente para algunas personas, pero que no necesariamente lo es para todas las personas, y es que la violencia no solamente ocurre cuando alguien te grita o te golpea, que también es violencia cuando alguien te hace sentir mal indebidamente, cuando alguien usa su poder para obligarte a hacer algo que no quieres hacer (más aún cuando pone en peligro tu vida y la de tu bebé), incluso cuando te realizan procedimientos en tu cuerpo de los cuales no te han informado. Como mujeres vivimos violencias diversas, de todo tipo, algunas más notorias, otras más sutiles, y otras que pueden ser sutiles o notorias según el caso, como la violencia obstétrica.

La modernidad ha traído consigo avances médicos como el conocimiento de el efecto de virus y bacterias en el organismo y la necesidad de establecer protocolos de bioseguridad que han ayudado a reducir considerablemente las cifras de mortalidad materna y neonatal, pero también ha traído consigo formas de dominación del cuerpo y de la vida antes inimaginables, y en el acto de la gestación y el parto se empieza a evidenciar la creciente infantilización de la mujer/madre y el pasar de verla como un sujeto activo, sano y con derechos, a verla como un sujeto enfermo y sin condiciones de decidir por si misma.

De todos los pacientes que entran a una sala de urgencias, la madre es realmente la única paciente que generalmente entra sana, no obstante se le trata como enfermo cuando se le aísla de su familia, de sus seres queridos y se le somete a un montón de procedimientos sin siquiera informarle las consecuencias de cada uno de ellos en su vida y en su parto.

Con los mismos avances de la ciencia se ha logrado descubrir el efecto positivo que tiene en el parto que la madre se sienta cómoda, a gusto, acompañada de sus seres queridos, que pueda moverse durante el transcurso del parto, que no tenga que estar monitoreada permanentemente, el papel de hormonas como la oxitocina y la relaxina, la primera, conocida también como la hormona del amor, se genera más fácilmente en condiciones de tranquilidad, bajo luz tenue, es una hormona fundamental en el proceso del parto y se inhibe bajo condiciones de estrés. Por su parte, la relaxina ayuda a soltar los ligamentos de la pelvis y ablandar el cuello uterino, permitiendo así que se lleve a cabo el proceso de parto (sentenciar que una mamá es de “caderas estrechas” de algún modo implica desconocer el papel de esta hormona, normalmente el bebé que se gesta en el vientre puede nacer de forma natural de su madre, independiente de su tamaño).

La cesárea, por su parte, es un procedimiento quirúrgico importante, que si bien ha avanzado considerablemente y ha permitido evitar muchas muertes maternofetales, también ha llegado al punto de hacerse por moda, por confort, y lo más delicado: por desinformación. Es así como se ha llegado al término de “cesáreas innecesáreas”. La ceśarea, como todo procedimiento quirúrgico, tiene sus riesgos, incluyendo mayor probabilidad de alergias en los niños, se ha estudiado el papel que juega el proceso del parto en el desarrollo pulmonar del menor, así como se ha estudiado la diferencia de bacterias benéficas en el intestino entre niños que nacen por parto natural y cesárea (entendiendo la vagina como un canal portador de estas bacterias benéficas que son transferidas de la madre al hijo durante el parto), en la madre, se ha estudiado el papel de las cesáreas y su posible aumento de las depresiones posparto, así como un aumento en la dificultad de establecer la lactancia, de especial importancia en las primeras horas de vida. También existen casos -raros, pero existen- de corte de otros órganos importantes, corte a los tejidos del bebé y la adquisición de infecciones nosocomiales o intrahospitalarias.

En cuanto a la lactancia, existe un consenso científico con bastante soporte sobre la importancia de establecer la lactancia en la primera hora de vida del neonato, sin darle leches de fórmula y permitirle el contacto piel con piel con la madre siempre que sea posible (o en su defecto con otro cuidador cercano), es además un derecho de la madre saber si su hijo vive y está bien. A pesar de ello, a muchas madres se les priva de ese contacto con sus hijos y a sus bebés se les da formula sin siquiera consultar e informar a la madre.

Sobre el corte del cordón umbilical hay distintas conclusiones, pero la mayoría apunta a que el corte tardío (sobre los 2-3 minutos de nacido el bebé) permite al menor obtener nutrientes y hemoglobina que le serán de gran aporte. No obstante el protocolo más efectuado es cortar el cordón en tanto nace el bebé.

Hay maniobras totalmente desaconsejadas como la maniobra Kristeller, la cual consiste en empujar el bebé (para “ayudarle a nacer”) haciendo presión sobre el abdomen de la madre, sobre esta maniobra no se han documentado efectos positivos en el proceso del parto y, por el contrario, se han documentado riesgos que implica en la vida de la madre y el bebé.

Otro procedimiento, la Episiotomía ha pasado de ser un procedimiento ocasional, a establecerse en muchos hospitales como parte del protocolo, sobre este procedimiento quirúrgico (que consiste en cortar parte del periné durante el proceso del parto) no se ha documentado que realmente permita facilitar el proceso del parto, por el contrario, se ha observado que las mujeres que sufren desgarros espontáneos generalmente se recuperan en la misma cantidad de tiempo o en menos tiempo y, a menudo, con menos complicaciones que aquellas a las que se les realizan episiotomías. Adicionalmente, las mujeres a las que se les practica una episiotomía tienden a perder más sangre en el parto, tienen más dolores durante la recuperación y tienen que esperar más tiempo para tener relaciones sexuales sin sentir molestia (sin contar los casos en que terminan con disfunciones permanentes). A pesar de esto a muchas madres se les realiza episiotomías de rutina sin siquiera informarles.

Luego de una serie de sucesos no favorables para el parto natural (acostarse y estar en contra de la gravedad, bajo monitoreo permanente, estrés y ansiedad que terminan inhibiendo la oxitocina natural, luego la oxitocina sintética aparece para acelerar un parto cuyos tiempos y procesos naturales no se les ha permitido -generando a veces más dolor-) aparece la Epidural como la salida al dolor de un parto que misteriosamente se ha estancado, terminando en cesárea en la mayoría de los casos. No se concibe un parto sano, en movimiento,ni métodos para calmar el dolor como usar un balón, caminar, cambiar de posición, recibir masajes de la Doula o pareja, o incluso una bañera con agua tibia en un ambiente cálido y agradable.

Algunos partos incluyen procesos que pueden vulnerar la intimidad o la idiosincrasia de la madre, la afeitada de rutina se ha observado que no solo no es necesaria para mantener la asepsia sino que a veces puede facilitar infecciones e irritación. Por su parte el enema (laxante que se introduce por vía rectal para “limpiar el colon” durante el proceso del parto) se ha demostrado que no acelera el proceso del parto de forma significativa y tampoco afecta la seguridad o asepsia del proceso de forma significativa, por lo que se sugiere que se realice solo a demanda (no de forma rutinaria). Aún así hay madres a las que les rasuran o les aplican enema sin preguntarles.

De forma menos común, pero constituyendo una violencia más notoria están los casos en que se cuestiona la sexualidad de la madre (“¿cómo para concebirlo si no lloró/gritó?”) Muy frecuentemente se tienden a censurar los gritos en un momento en que la madre entra en un estado de consciencia diferente, en que su cuerpo se abre para dar a luz una nueva vida.

Un hecho con el que se han logrado más concesiones recientemente es con el permitir el acompañamiento del esposo y/o la doula durante el parto hospitalario, cada vez más hospitales lo permiten, igual que el permitirles ser parte del proceso (otro capítulo pendiente es el pensar si privar al padre de involucrarse durante el parto constituye también violencia de género hacia ellos) cortando el cordón umbilical, y permitir el contacto temprano piel a piel, quizás sea un buen comienzo para un camino largo, en el que debe quedar claro que no solo hasta allí llega la búsqueda de un parto humanizado.

Existe quizás una confusión bastante generalizada respecto a la diferencia entre un parto natural y un parto humanizado, y dada la amplia documentación existente es posible concluir que no todo parto natural (fisiológico, etc) se da de forma humanizada ni todo parto humanizado es parto natural.

La imagen clásica de la madre acostada a la que le indican cuando pujar y que no puede gritar es quizas un indicio de lo normalizado que está el ver a la madre como un paciente enfermo, y también la surgiente moda de programar las cesáreas acorde a la agenda de la madre o del obstetra (a veces con información falsa del tipo “tus caderas son muy estrechas”, “tú no puedes parir un bebé tan grande”, entre otras) sin contar el desarrollo pleno del bebé da cuenta de lo desconectados que estamos del proceso natural de parir.

Pero así como existen cesáreas innecesáreas también existen cesáreas humanizadas, en casos en que la madre -plenamente informada de los riesgos- decide tenerla y se respeta su decisión, como en casos de alto riesgo en donde la cesárea es la única forma de salvar la vida de la madre o el bebé, y se da de forma armoniosa, sin maltrato físico o psicológico, por el contrario.

Todo esto para hacer un llamado a informarnos, a revisar los postulados de la OMS respecto al parto, la norma técnica de atención al parto del ministerio de protección social, así como el conocer el proceso mental y hormonal por el que suele atravesar una mamá en trabajo de parto.

Además de informarse, es de destacar también el deber del personal de la salud a la hora de realizar cualquier procedimiento, explicar posibles consecuencias de cada cosa es parte fundamental del consentimiento informado: ver en la madre un ser pensante capaz de decidir por si misma. Igual de importante es soñarse y tener un plan de parto, pensar no solo como te sueñas el parto, sino qué quisieras que pasara si las cosas se dan de otra manera.

Por último, recordar que existe también personal de apoyo valiosísimo como son las doulas y doulos, las asesoras de lactancia y de porteo. Y por supuesto, “la tribu”. La violencia obstétrica es violencia de género, es una violencia que nos toma en un momento íntimo, importante y sublime, quizás la construcción de un mundo en paz comience por un mundo donde los que lleguen, lleguen sin violencia para ellos o sus madres. Eso, justamente, es lo que busca el movimiento por un parto humanizado.