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Escribo

27 septiembre 2019

Hay gente que escribe por una convicción, por querer cambiar el mundo, por transformar su entorno, o qué se yo.

Hace tiempo que este blog, este refugio, es el espacio del desahogo personal, de escribir al lector que quizás ya no existe, como si fuese el espectador de una autobiografía.

Escribir, aquí, ha resultado ser una necesidad.

Cada “insight”, cada análisis de esas pequeñas o no tan pequeñas taras avanzando en la tesis. Cada análisis del historial romántico y el no tan romántico. Cada análisis de las diversas situaciones que la maternidad trae… Permitirían inspirarse para un nuevo post. Pero a veces llega el filtro que no tenía antes de ser una madre separada, la autocensura de que sí, me gusta que esto sea público, ¿pero si él lo lee para hacer daño?

“Uno sabe con quién se casa, pero no de quién se separa”.

Yo hasta hace pocos días terminé de asimilar esa frase.

He pensado mucho sobre escribir o no este tema.

He escuchado a miles y miles de mujeres decir “es que los hombres son así”, o cosas por el estilo.

He recordado esos dolorosos momentos en que yo, sí, yo, terminaba sintiéndome culpable y “mala mujer” si él, ya acordando una relación monógama, coqueteaba a otra mujer. He recordado como mi autoestima se fue diluyendo, que él siempre tenía la razón de las circunstancias, y yo siempre era la del error.

He recordado la ilusión al separarme de que todo iba a ser muy tranquilo, personas estudiadas y muy civilizadas.

Nada ha sido tranquilo. Y mis ojos, hoy no cegados por los sentimientos, pueden ver con claridad las distintas manifestaciones de violencia.

Esa violencia incluye la manipulación psicológica, el victimizarse al punto de que tú le crees.

La violencia ocurre tal cual la describe Pamela Palenciano, pero peor, porque hay menores en medio. Un tiempo ataques hostiles, otros tiempos victimización, otros tiempos tergiversaciones, que incluye no entender las palabras de su propie hije e interpretarlas a su propio sentido. Tiempos en que ni recuerdan que sus hijes han enfermado y tiempos en que llaman a recordarles que les extrañan mucho. Otro tiempo la tensa calma que le hace a uno soñar de que la tormenta ha pasado.

Pero no ha pasado, y el ciclo se vuelve a repetir.

He perdido la cuenta de las muchas veces que he respirado profundo para no decirle lo que se merece, porque sé bien que hoy día solo quiere hacer daño, y no dudaría en usar la clásica carta de la alienación parental o alguna otra vulneración de derechos.

A veces me veo a mi misma pidiendo a Dios que le cure ese ego herido, el ego de quien engaña pero espera que luego del engaño la mujer se mantenga ahí en nombre de la familia. Como bien hacían las abuelas y hasta las madres, que toleraban hasta enfermedades de transmisión sexual en el nombre de la familia.

O las que toleraban maltratos físicos, económicos y psicológicos.

Y qué decir si al tener la fortaleza de salir de ahí, de la relación, se observa como, al igual que muchos otros, busca desconocer sus responsabilidades, pero no a través de la incapacidad (no tengo) sino a través de toda una gama de violencias y falacias.

¿Conciliaría usted para conservar la esperanza de que la hostilidad se acabe?

¿Y si al conciliar nuevamente empieza el ciclo?

Miles de mamás prefieren mantener solas a sus hijos para evitar vivir estas situaciones.

A los hombres, culturalmente, se les ha introyectado que si no forman parte ya de ese hogar, lo que dan para sus criaturas es una “ayuda” y no una responsabilidad.

Y ellos, sintiéndose que “ayudan”, se toman atribuciones para ejercer violencias.

Las mujeres, para evitar las violencias, terminan conciliando acuerdos que no se ajustan a las reales necesidades de los hijes. Cuando no, terminan criando solas sus hijes (que no dé, pero que tampoco joda).

El “joder” va desde violencias verbales, -ahí sí- alienación parental al hablarle mal de sus madres a los hijes, el incumplir las visitas acordadas en los horarios acordados, el no hacerse cargo de las múltiples responsabilidades que conlleva un hije (citas médicas, de colegios, etc) pero sí estar atento para tirar piedras a la madre. Entre otras cosas.

Muchos hombres-padres-expareja terminan convirtiéndose en ese grano en el culo que no te deja sentar en paz. En algunos casos, el grano ciego que no te podés sacar. Lo hacen por el inmenso dolor que les da que sus exparejas administren dinero que ellos perciben –que muchas veces no llega ni al 20% de lo que perciben, 20% que usualmente es menos de la mitad de las reales necesidades del menor-… ¡Para el bienestar de sus hijes! Lo hacen por sus egos de macho heridos.

Aceptar que se alejen, que no cumplan sus responsabilidades económicas, afectivas y sociales para con sus hijes, es mantener un sistema de precarización de la vida de las mujeres. Esto limita su capacidad de ascender laboralmente, de estudiar o de dedicarse a otros proyectos, al ser la única responsable económica y afectivamente por el menor.

Esto debe parar. Y debe haber algún mecanismo para acabar también con ese tipo de violencias, que afectan a la madre y al menor.

Devuelta

1 junio 2019
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Devuelta

De vuelta.

Hace mucho tiempo no escribo. ¿Quién escribe? ¿quién soy?

Quizás esa ha sido la principal pregunta estos meses.

Un cuerpo distinto, un rostro distinto, un contexto distinto. Todo cambia, todo pasa, todo fluye, y a la vez no.

¿Qué queda de mí, o de ese yo de antes, salvo muchas convicciones? ¿podría ver un ápice de él en el espejo?

Hacerse preguntas antes de escribir a veces termina en decidir no escribir por falta de tiempo, y luego angustiarse porque ni ese yo que escribe, o que intenta hacerlo, queda en la existencia.

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¿Fascismo repentino?

29 octubre 2018

Ganó Bolsonaro, dice el periódico, perdió el planeta, pienso.

Empiezan a aparecer las múltiples explicaciones y golpes de pecho para la avanzada del fascismo y el neoliberalismo en el planeta… Que si es que la izquierda hace concesiones, que si es que la opción real es el centro por el terror del comunismo.

Recuerdo las elecciones presidenciales pasadas en Colombia y no puedo evitar pensar muchas cosas. La única candidata mujer por la izquierda, Piedad Córdoba, planteaba reducir la inmensa brecha que hay entre la riqueza y la pobreza en nuestro país, de inmediato escuchaba por ahí que eso era inviable, que era populista, y nos lo creemos.

Gustavo Petro también planteaba algo encaminado a reducir la brecha, pero apenas empezaron a asociarlo con el comunismo, prefirió buscar alianzas hacia el centro y moderar su discurso. El candidato de centro, una vez supo que no ganaría él, se fue a ver las ballenas del pacífico, sin tomar partido. Así, finalmente (para resumir), ganó el candidato de derecha, respaldado por el fanatismo religioso, por la élite empresarial, por los latifundistas, por los homofóbicos, los misóginos, los xenófobos… Y por personas con prontuario y sin gran intelecto (o sin prontuario y sin acceso a educación con sentido crítico).

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“Una hormiga con rabia de la cucaracha votó por el insecticida y todos murieron. Inclusive el grillo que se abstuvo de votar”. (Esta semana en las calles de Río).

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Sense

14 agosto 2018

La imagen de tus pupilas se ha quedado impregnada en el visor de mi memoria.

El aroma de tu piel se ha acumulado como un recuerdo casi palpable entre las conexiones neuronales.

Esa piel que quisiera recorrer con mis labios, con mis manos, con mi tacto, sin detenimientos.

¿Acaso no lo ves? ¿acaso no es muy obvio?

Si es que con solo leer algo tuyo o escuchar tu nombre mis ojos brillan y el rostro completo se transforma en alegría.

He deseado tus labios como un sediento desea el agua en el desierto.

Un sediento que camina errante buscando el elixir que le refresque el cuerpo y el alma.

El elixir sagrado con el cual conjugarse para la eternidad.

Y transformarse en sentido.

Soñar

1 agosto 2018

¿Y qué pasa si de repente todo el cielo que estaba nublado se va despejando?

¿Y qué pasa si lográs, luego de años de bloqueo, superar tus taras? o alguna, al menos.

Los sueños, que se iban disipando, que iban siendo poco a poco desasosiego, frustración y vacío, vuelven a colorear el futuro posible, a mostrar en la cara que es posible.

“Gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal
Porque me mató tan mal
Y seguí cantando”.

https://www.youtube.com/watch?v=yzUAUv16x6k

 

Supongo que hay que agradecer, sí, gracias.

 

 

Un año

10 abril 2018

 

Dicen que solo aprende a valorar realmente los microsegundos el piloto que supo lo que eso era la diferencia entre perder o ganar.

Para mi, los años pasaban relativamente rápido hasta que me hice madre. Ni mis días ni mis noches han vuelto a ser igual, y lo celebro. Leer más…

Uno más.

10 diciembre 2017

2017 fue el año fallido, de cierto modo. Fue el año de los infinitos trasteos, de los conflictos, de las rupturas, de caer, y levantarse, y volver a caer de nuevo para volver a levantarse…

Hay quienes dicen que eso es bueno, que cuando todo se agrava enormemente es porque algo enormemente bueno está por venir, o eso me dijo el dueño de la casa de la que tuve que despedirme a principios de año. Yo quisiera creerlo, y quizás de algún modo ha sido así, cada crisis ha hundido el dedo en llagas ancestrales que no sabía que tenía, cada crisis ha permitido ver sombras que busco iluminar. Leer más…