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Sociabilizar.

2 enero 2013

  “Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ése es el precio que tienes que pagar: la soledad”.  

Chavela Vargas.

Hoy lo recuerdo, pasé varios años evitando relacionarme con la gente, confieso que aún me cuesta trabajo…

Aprender a dar besos en la mejilla fue todo un proceso, los odiaba, cuando aprendí a saludar a la gente, me molestaba mucho que respondieran con un “que más” o “¿cómo estás?” cuando sabía que no les importaba la respuesta.

Cambiar los descansos en la biblioteca por charlas que no me interesaban, suplicarle a los profesores para no hacer trabajos en grupo o, en los grupos, hacer el trabajo de todos sola, fueron ingredientes que me acompañaron mucho tiempo.

Tampoco en la universidad hice muchos amigos, de hecho, mis amigas de universidad seguían siendo dos grandes personas que conocí en el colegio y en toda la carrera solo hice una gran amiga.

Tampoco aprendí a hacer buenos chistes, solo una vez en mi vida conocí a una persona que se reía hasta el llanto de mis intentos cómicos -¡de todos!-. Tampoco me ha importado demasiado, aprendí a conformarme con advertir que mi humor era perverso.

Cuando empecé a aprender a conversar con la gente, aprendí también a odiar los sarcasmos, siempre pensé -y aún pienso- que son formas de tratar al otro como un ser inferior y no tener las gónadas suficientes para decir las cosas directamente.

Nunca he sentido gran pasión por muchas cosas que son populares, estar a la moda no me importa y solo me he fijado en las marcas para acortar el tiempo -generalmente tortuoso- de búsqueda de una prenda de vestir, o calzado.

Tampoco siento gran pasión por lo original, siempre he pensado que las personas que se preocupan demasiado por la originalidad nunca entendieron que todos, así tengamos un genoma considerablemente parecido en muchas cosas, tenemos también siempre unas diferencias sutiles y no sutiles, buscar ser completamente original es quizá tan estúpido como buscar ser completamente normal, pues tenemos de ambas cosas, queramos o no.

Aprendí a sentir lástima por todas las mujeres -también hay hombres- que dejan de comer lo que les gusta por no perder la línea, aprendí a verlos como unas víctimas del mercadeo, de vender la felicidad en un empaque y no en el contenido.

¿Que cuál es el objetivo de este post? ninguno. Es simplemente una confesión exhibicionista, que no busca ni aprobación ni rechazo.

Sociabilizar es cada vez más difícil, porque cada vez buscamos más cosas absurdas como estándares de vida, es por eso que, aunque muchos digan abiertamente ser felices, llevan una vida de frustraciones e infelicidad.

Recuerdo el primer post de este blog, y ahora veo que simplemente es mi confesión de no ubicarme en este mundo, intenté hacer muchas de esas cosas, y aún las encuentro insatisfactorias.

Me cuesta trabajo creer en dios y en el destino, y si no fuera por ciertas cosas que he vivido en los últimos años, sin duda aún me declararía atea.

Pese a que me gustan las causas que van con mi forma de ver el mundo y me encanta comprometerme en ellas, he aprendido que no pueden ser causas a largo plazo, porque me aburro fácilmente.

Sigo creyendo firme y sinceramente en la libertad, en esa libertad que intenté describir en mi primer post, y tal vez esa creencia ha sido mi principal ayuda para ir aprendiendo, tal vez no a socializar con éxito, pero al menos a entender al otro.

Aprendí a admirar a esas personas que siempre encuentran la manera de iniciar una conversación agradable con el otro, en todo lugar y momento, yo solo aprendí a compartir silencios.

Aprendí a expresar lo que siento o pienso sin temor de hacerme daño, pero siempre intentando no hacer daño -aunque es inevitable- al otro.

Creo que son pocas las personas en el mundo que ven y entienden -y además intentan aplicar en su vida- la libertad como yo la entiendo, y creo que tal vez Chavela Vargas si tenga algo de razón, pues, posiblemente la única manera de no ser un paria en este mundo es hallar -de manera poco probable- a alguien que vea la libertad del mismo modo.

Aún así, no es grave, la soledad tiene un saborcito grato, y el mundo tiene infinidad de cosas bellas por conocer.

No sé por qué este post suena a despedida, tal vez lo sea, nunca se tiene certeza del futuro, tal vez por eso vale la pena vivir cada instante como si fuera el último.

7 comentarios leave one →
  1. 2 enero 2013 4:48 pm

    Soy testigo de esas mutaciones sociales que relatas, algunas me agradan, otras confieso que me decepcionan, pero en fin celebro que nos las haces para agradar a alguien, solo a ti misma y en esta época, una muestra de tu evolución.

    Libanuno (respuesta):
    En efecto, no las hago para agradar a alguien, y eso te incluye. 😛

    Abrazos.

  2. 2 enero 2013 5:37 pm

    Realmente entiendo lo que tratas de decir, igual me ha pasado, aunque te confieso que aun me cuesta sociabilizar en el ambiente laboral . Todos tenemos un sentido de libertad sea o no influenciado o simplemente por seguir patrones y convenciones sociales, lo importante es llegar a respetar el sentido de vida que tiene el/la otr@.

    Con el pasar del tiempo me he convertido en una especie de antropófago social y cultural . Me devoro cualquier conversación sea trascendental. “intelectual”, “interesante”, sencilla, básica , ordinaria, común , divertida en fin… Eso me ha permitido conocer y amistar con todo tipo de personas, desde la mas sencilla con lenguaje muy básico hasta la mas intelectual, desde la personas con aspiraciones básicas hasta la mas ambiciosa, las personas con aspiraciones académicas muy pobres hasta el doctor
    con lenguaje muy pesado y académico, en fin … se trata de pasarla bien , de divertirse y de vivir con ese sentido de libertad que tenemos- Un abrazo!!!

    Dirty (respuesta):

    En efecto, el respeto a las elecciones del otro es primordial.

    Está divertido e interesante el término antropófago social, yo también creo que vale la pena hablar con todo tipo de personas, todas tienen un universo por compartir y ningún universo debe menospreciarse, pero, a veces, es mejor estar solo, y bueno, a veces, personas como yo tenemos “defectos de fábrica”.

    Abrazotes.

  3. 2 enero 2013 7:11 pm

    Realmente encantador el post. Creo que cuando cada quién habla desde lo sensitivo y no desde lo cognitivo es inevitable no conmover al lector. Sin duda no es difícil coincidir con este post cuando se sufre la desgracia de haber decidido ser en lugar de parecer. Esa acción libre de pensar lo que se nos venga en gana con absoluta libertad editorial nos condena a la pena de vivir en soledad. La soledad física es inperceptible porque por lo general así haya mucha gente uno termina abstrayéndose para ir en búsqueda de su soledad mental en donde no hay que escuchar tanta babosada junta,en donde las ideas, por alguna extraña razón, se parecen más a uno (perdón por la ironía no fue por falta de valor). Buen post. Saludos.

    Santiago (respuesta)

    Santiago, yo no creo que los humanos seamos, sino que existimos trágica y afortunadamente libres. Y sí, la libertad a veces trae soledad, pero eso no es del todo malo, de hecho, es necesario a veces.

    Un abrazo y gracias siempre por leerme.

  4. 2 enero 2013 9:57 pm

    Me place toparme con tan buen post. Debo decir que comparto como el 99.9% de lo que expones, hace unos días me detenía a pensar exactamente en lo mismo. Llegué a comentarle a mi madre sobre el espíritu de los que son artistas y como los casos que conozco viven en una soledad inherente a su forma de ser. Seguramente la creación exige como sacrificio eso de uno, el estar solo aunque rodeado de gente. Me encantó. Gracias por compartir semejante universo y dejarnos sumergir nuestros ojos y corazones en él.

    Marcela (respuesta):

    Gracias a tí por leerme, en verdad me halagan tus comentarios, la soledad, a veces, tiene el sabor de un buen vino.

    Abrazos palpitantes.

  5. 10 julio 2013 9:29 am

    Me constan muchas de esas dificultades, y los círculos de vacío que hemos creado alrededor. De a poquito uno va entendiendo que mi paso sigiloso los hace sospechar, que no se como saludar ni despedirme, que no soy chistosa, que no se me escucha.

    Tal vez sea pereza o desidia, pero ya no lo intento, me siento bien con quien entienda eso y siga al lado sin pretender que uno exista sin su autismo, que me define, que me acompaña

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