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Aprendiendo a amar

24 julio 2017

“Emma, por su parte, nunca se preguntó si le amaba. El amor -tal creía ella- debía presentarse de improviso, con grandes estruendos y fulguraciones, como tempestad celeste que desencadena sobre la vida y la transtorna, y arrastra como a secas hojas las voluntades, y hunde en el abismo y por completo a los corazones. No sabía que la lluvia forma charco en las azoteas de las casas cuando las canales están obstruidas. Y hubiera permanecido segura de su virtud si no hubiera descubierto súbitamente una grieta en la pared”.

Gustave Flaubert – Madame Bovary.

A veces pasa que solo hasta que tocás fondo te das cuenta de que has estado en relaciones tóxicas, ha estado tan de moda esa palabra que realmente no alcanzamos a sentarnos a pensar qué significa: “madres tóxicas”, “relaciones tóxicas”, “personas tóxicas”… ¿Qué es eso?

Por mi parte, he llegado a la conclusión de que algo es tóxico para mí en tanto me lastima a través de ciertos mecanismos que no suelen variar mucho, aunque sí varían de persona a persona.

Cierto es que, por mi parte, hubo que tocar fondo y ver derribar “la casa” para sentarme a revisar los cimientos en medio de los escombros. Es un proceso que aún no termina, pero una de las grandes revelaciones ha sido que quizás lo que es realmente tóxico es la forma en que aprendemos a relacionarnos con los otros, sobre todo en el amor.

Estamos tan acostumbrados a las historias con inicios, nudos y desenlaces felices que cuando todo anda bien en la vida buscamos ver el nudo, o incluso ayudamos a construirlo mediante ciertas acciones que conducen al conflicto. Buscamos también parejas que sepan armar buenos nudos, tramas dolorosas de las que posteriormente nos “reconciliemos”, y así vamos quedando rotos y remendados por dentro hasta que ya no queda donde hacer más remiendos.

Quizás una gran falencia viene desde la primera infancia, quizás también enfocamos mucho a los niños el cuidado y respeto a los demás, el querer a los otros, y nos olvidamos de fomentar el autocuidado, la autonomía, el amor propio (y no solo les enfocamos en ello, sino que, en la mayoría de los casos, les obligamos a hacerlo, a vivir y hacer en función de los demás ignorando estos tres pilares). ¿Es posible amar y que alguien te ame por fuera de esa lógica? claro que sí, pero no solo es cuestión de creerlo, o de soñarlo, sino de transformarse.

Todos tenemos, como mencionaba, nuestras propias maneras de construir la trama, de buscar los nudos. Sentarme con una amiga, ver juntas sus nudos y los míos (este post, de hecho, recoge en parte nuestro pensar al respecto), nuestras heridas, me permitió entender diferencias y similitudes, eso que Pamela Palenciano menciona en el vídeo de “no solo duelen los golpes”, de verse como Antoñita, no es del todo así, no es que nos vayamos convirtiendo en una persona similar a con quien establecemos una relación que es tóxica para nosotras, es que desde un principio buscamos, quizás sin hacerlo consciente, ese elemento de drama que nos hiere y con el que herimos, pero del que pretendemos salir después triunfantes.

Cuando digo que ese vídeo llegó en un momento preciso y totalmente oportuno de nuestras vidas, lo digo sin temor a equivocarme, ojalá más mujeres y hombres lo pudieran ver, completo.

El amor, el verdadero amor, no lastima, no pega, no grita, no ejerce violencia psicológica, ni económica-patrimonial, ni de ningún otro tipo. Y no, no pretendo decir con ello que cuando se ame no existan los conflictos, que las personas no peleen, pero incluso la forma de abordar esos conflictos se transforma, y es fundamental aprender a estar atentos cuando pretendemos regresar a ciclos que lastiman.

Y llego a la parte “cliché” del asunto, que es lo que nos repetimos muchas veces pero más de palabra que de acción, y es que es necesario amarnos, aprender día a día de autocuidado y autonomía, para poder salir de esos ciclos.

Cada vez se habla más de “derribar el mito del amor romántico”, y es eso también dejar de buscar las historias de ficción en nuestra cotidianidad, es dejar de pretendernos doncellas de un castillo al que llegará un príncipe azul que nos librará bien sea de la bruja malvada, de las hermanastras envidiosas, de la torre que nos tiene secuestradas, en fin, de una vida de mierda (y eso que las historias de princesas han cambiado un poco de cuenta del feminismo).

Pero no solo hablo de las historias de princesas, que nos llegan más en la primera infancia, también hablo de las historias de amor que nos llegan entrando la pubertad, de los amores apasionados que vencen -incluso más allá de las voluntades- miles de obstáculos “hasta que la muerte los separe”. De las muertes: guerras, suicidios, homicidios y feminicidios en nombre de un supuesto amor. Pero también de la creencia en el amor como sacrificio, del que más aguante en su nombre, o de esa media naranja que llegará para completar nuestras vidas. O una mezcla extraña de todas las anteriores.

Esa idea de amor es, en parte, la que llevó a Emma Bovary al suicidio, por poner solo uno de los miles de ejemplos que hay en la literatura. Por aquí  y por aquí explican mejor esos “mitos” del amor romántico que es necesario derribar en nuestros imaginarios para poder establecer relaciones más sanas. ¡Qué necesario se hace que aprendamos a amar-nos, sobre todo cuando somos pa-madres, cuando estamos además, queramos o no, siendo una imagen que ven nuestros hijos de como nos relacionamos con el mundo!

También sucede que a veces, en medio de lastimarnos una y otra vez, entramos en la desesperanza, en creer que ninguna persona va a amarnos por fuera de dinámicas tóxicas, o en creer que no podremos vivir sin una relación de pareja (quizás porque nos concibimos como personas incompletas en busca de una media naranja). Ninguna de esas dos cosas es cierta: sí hay personas en el mundo que se encuentran en capacidad de amar por fuera de dinámicas tóxicas con mitos del amor romántico, y no somos seres incompletos que solo pueden llenarse con otra persona.

Hoy, desde este espacio, quisiera abrazar a cada mujer que ha permitido cualquier tipo de violencia en nombre el amor romántico, hoy quisiera abrazar desde aquí a cada mujer cuyo amor propio ha sido lastimado en medio de estas lógicas. Hoy quisiera poder recordar a cada una la inmensa fortaleza que alberga en su ser, lo capaces que somos. Aprendamos a amar, empezando por amarnos.

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