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No rain

20 mayo 2017

 

Pensé en llamar este post “La Mentira (3)”, teniendo ya un 1 y 2, pensé eso hace dos meses, quizás, pero hoy quisiera por fin musicalizarlo.

Gracias a una gran amiga (virtual, pues presencialmente solo he compartido con ella una vez), tuve la oportunidad de ver el monólogo “No solo duelen los golpes”…

Este ha sido iluminador, revelador, y gracias a esa crudeza humorística quizás también tan característica de muchas españolas, me ha permitido reafirmar cosas que venía indagando, pensando, hilando.

Una de mis muchas conclusiones me recordó inevitablemente la que podría ser la segunda parte de esta “trilogía”: Confiar en las personas no es el problema, el problema es que las personas defrauden la confianza. El mundo no necesita más gente que desconfíe, el mundo necesita más gente que no mienta. Lo recordaba cuando Pamela decía que se había enamorado de nuevo a pesar de haber vivido esas violencias que son tan sutiles pero tan reales…

¿Cómo seguir creyendo que en el mundo pueda haber gente buena cuando uno se ha equivocado tan profundamente? ¿cómo recuperar la confianza defraudada? ¿cómo volver a confiar en alguien, a querer a alguien? ¿cómo establecer una relación sana, luego de haber tenido una relación tóxica?

Claro, de sobra está quizás el cliché de que primero hay que quererse a si mismo, pero hoy, en medio de todo mantengo mi certeza: confiar en las personas no es el problema.

Hay que estar muy piantaos para seguir soñando y volando, quizás. Pero es necesario, creo.

Pamela concluye que el amor verdadero no duele, no maltrata, no lastima: Algo que parece tan obvio, tan evidente, pero que cuesta tanto deconstruir de nuestros imaginarios, son años enteros de interiorizar el mismo discurso de amor sacrificado, de amor que deja pasar mil cosas en nombre del amor. Pobre amor mancillado en su nombre, en el mismo que algunos suponen que está bien matar, violar, golpear, gritar, o irse a violencias más complejas: la psicológica, la económica…

Es fundamental educar en la noviolencia, educar en el amor que no maltrata, en el amor que no vulnera la dignidad. Sobre todo a las niñas (desde bebés), que aprendan que amor no es sacrificio, que el que te quiere no es el que te pega, que no solo duelen los golpes, y que son dolores que no son normales, ni mucho menos aceptables.

Y es que para que esos discursos sean cómicos en estudiantes de colegio, de algún modo es necesario aceptar que son discursos que conocemos desde la primera infancia, desde ciertas tétricas canciones infantiles, desde los dibujos animados, desde los chistes de ciertos adultos y adultas, desde la novela que ve mamá, desde la manera en que se relacionan los padres, las parejas, y así sucesivamente.

Es importante mantener las mejillas secas, es importante que la persona amada, en caso tal de generar lágrimas, sean lágrimas de alegría. Claro, la vida no es un jardín de rosas sin espinas, pero tampoco es normal cuando pasas de espina en espina esperando las flores.

 

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