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Dudas

7 mayo 2017

He intentado escribir este post con mil palabras que se quedan en el vacío.

He intentado aflojar este taco en la garganta tantas veces…

¿En qué momento la persona amada se convierte en el peor verdugo?

¿En qué momento la persona amada se torna desleal?

¿En qué momento la persona amada decide, deliberadamente, hacer cosas que te afectan, que sabe que te afectan -la salud, incluso-?

Hoy, hablando con un amigo, ese amigo me decía -con bastante sinceridad- que él en la misma posición haría exactamente lo mismo, al explicarle los perjuicios asintió: -Tenés razón, pero igual lo haría”… -¿Es el ego? -Tal vez.

Dicen que del amor al odio solo hay un paso, pero hoy, lejos de lo uno o lo otro, lo que invade mi ser es una sensación de incomprensión: ¿Por qué, cuándo has dado amor, sinceridad, confianza, sangre, sudor, lágrimas, VIDA, pasa esto?

La peor maldición es tener que seguirle viendo, tener que seguirle hablando. Hay que hacerlo: tragar entero y seguir. Ya sé, la vida no siempre es justa, lo sé bien. Ya sé, también yo he cometido errores, es verdad -aunque nada cerca, también es verdad-. Solo por ella su foto permanecerá a su vista. Solo por ella las explicaciones serán sinceras pero lo más neutrales posible. Solo por ella sus llamadas serán respondidas, solo por ella eso y mucho más, porque ella lo merece, porque es su derecho. Es y seguirá siendo ese un acto de amor profundo para ella.

A veces, cuando todas las puertas se cierran en la cara, es preciso mantener una ventana abierta, pero a veces da igual, detrás de la ventana hay un muro. Gracias a la familia incondicional en estos momentos, y gracias también a los amigos que permanecen, gracias a las utopías y amores imposibles, pero sobre todo gracias a ella, que logra calmar ese dolor profundo con su sonrisa, y con solo existir. Gracias a ella por arrojarme también a este ejercicio de autoconocimiento en el que estoy, poco a poco, sumergiéndome, encontrándome, entendiéndome un poco más. Gracias a ella por ser mi mejor maestra, a pesar de lo cliché que suene eso. Gracias a ella por darme la fuerza para empezar a quitar uno a uno los ladrillos de ese muro, labor en la que sigo.

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