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Deja nuestras tetas en paz, Virginia

8 abril 2017

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Quisiera escribir con razones un poco más afortunadas, pero es que el nivel  colombiano no da para más, lamentablemente.

Tristemente muchas mujeres buscan su propia liberación en atacar a las demás mujeres, sin cuestionar siquiera la forma en que el patriarcado influye en sus opiniones y sentires. Piedras en el mismo tejado.

No puede ser que para yo decidir no tener hijos, tenga que atacar a las mujeres que los tienen, no tiene sentido que para yo decidir y reivindicar mi derecho a trabajar una jornada laboral (y ni hablemos de conciliación, que ya hemos dicho bastante) tenga que hacerlo pasando por encima de aquellas mujeres que de manera consciente e informada deciden quedarse en casa con sus hijos pequeños. Si hablamos de feminismo, hoy, revisando mi propio ideal de feminismo, diría que la principal característica de este es permitir que las personas, mujeres, hombres, trans y demás, puedan elegir su estilo de vida sin que sean violentados por ello (y sin violar las libertades del otro, por supuesto). Para ello hay que abolir montones de prejuicios, desde el hecho de que los hombres sean condenados a no expresar sus emociones, hasta el hecho de que una mujer no pueda ejercer su maternidad con amor porque según algunos “está malcriando”, el hecho de no poder amar a alguien del mismo sexo, o el hecho de no poder decidir tener o no tener hijos.

Claramente detrás de esto también hay razones psicológicas además de culturales, también está nuestra mente reproduciendo cosas que nos han herido, quizás por ello mi sugerencia antes de ir al post, sería que Virginia tuviera acompañamiento psicológico (y es la persona que mejor puede encontrar el origen psicológico de ese “asco” que siente al ver amamantar, además de su necesidad de buscar llamar la atención con ello). Pero bueno, vamos a los “argumentos”:

Muchas veces me he preguntado por qué me produce asco ver a una mujer que amamanta. Miro a mi alrededor y, cuando veo a una madre dándole de comer a su bebé, me siento incómoda. Siento asco. Y me pregunto, ¿por qué no puede buscar un espacio más íntimo para sacar la teta al aire? ¿Por qué no se cubre? ¿Por qué no hace el esfuerzo de darnos la espalda, a todos?

Querida, no nos cubrimos por muchas razones, trataré de ir a las básicas:

  • ¿Acaso alguien te pide a tí que te pongas una manta o un trapo encima para alimentarte? ¿que comas dándole la espalda al mundo, en secreto? pues bien, los niños también son humanos, desde que llegan al mundo empiezan a interiorizar la cultura, con la diferencia de que lo hacen acorde a su desarrollo cerebral, es idiota pretender que un niño acepte la incomodidad de un trapo encima para comer cuando nosotros mismos no lo aceptaríamos (teniendo nosotros un cerebro maduro y ellos no).
  • Porque debemos recordar que los senos en todos los mamíferos cumplen una función básica que es amamantar, brindar un alimento básico, fundamental no solo para alimentar, sino para bienestar emocional, cerebral. Hay demasiada documentación científica al respecto, y así como lo normal es que una persona camine en sus dos pies, lo normal en los mamíferos es que sean amamantados por las hembras de su especie. Claro que hay personas que pueden vivir sin un pie, así como hay personas que pueden crecer y desarrollarse sin haber sido amamantados.
  • La lactancia materna es reconocida por permitir que millones de niños vulnerables y en alto riesgo de desnutrición puedan sobrevivir, es de importancia vital en salud pública tanto por los ahorros en gastos médicos (es un líquido vivo que hasta tiene células madre y podría ayudar en terapia contra el cáncer) como por sus aportes en salud mental.
  • No se trata de juzgar a quienes no amamantan, pero la lactancia así como muchas conductas humanas se aprenden por imitación. Hay un caso que cuenta La Liga de La Leche (no es una reproducción fiel de la historia la que haré) sobre una hembra chimpancé que no podía amamantar a su cría. Estaba solitaria en un zoológico y todas sus crías anteriores habían muerto. La madre intentaba alimentar a su cría pero no lograba hacerlo… Contactaron un grupo de lactancia local y mamás humanas fueron a amamantar a sus bebés delante de la jaula de la mamá chimpancé. El resultado: mamá chimpancé observó detenidamente y luego pudo amamantar a su bebé, logrando así que la cría sobreviviera. Cuando las mamás amamantamos en público estamos también normalizando la lactancia, estamos logrando que muchas otras mujeres quizás futuras madres -no es obligación de nadie serlo, por supuesto- sepan cómo lograrlo, que se puede lograrlo en la inmensa mayoría de los casos.
  • No nos cubrimos porque decidimos no ceder a esa exigencia patriarcal de disfrutar con el comercio de nuestros cuerpos mientras censura el uso quizás más legítimo del mismo: el alimentar a las crías de nuestra especie.
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¿Doble moral?

Y sigue.

Solo en el momento de alimentar a su hijo pierden el pudor. Y no lo entiendo, porque el pezón que alimenta es el mismo que podrían mostrar en una playa. Sin embargo pocas playas han visto pezones, porque al menos la mujer latinoamericana -la que nació y se crió en una cultura “tropical”- no se siente cómoda mostrando las tetas en público.

No sé a qué “mujer latinoamericana” pudorosa te refieres, porque gran parte de nuestras mujeres, en diversas etnias, amamanta a libre demanda, miremos en Colombia: ¿Wayuu, Kogi, Arhuaca, Embera…? El pudor hacia amamantar lo hemos inventado nosotros “occidentales”, y antes que una función sexual, la razón de ser de los senos es amamantar, que le demos uso recreativo no hace menos legítima su función en la lactancia.

Yo prefiero “perder el pudor” para alimentar a mi hija que mantener un pudor para complacer a otros, sobre todo cuando en occidente está tan bien visto que nuestras tetas sirvan al capitalismo, al patriarcado (que no es lo mismo, aunque muchos confundan), y no a nuestro propio placer, nuestro propio erotismo y el cuidado de los seres que llevamos meses en nuestro vientre (y no exclusivamente, porque las mamás que adoptan también pueden relactar en muchos casos) seres que amamos profundamente y cuyo lazo afectivo mantenemos y se puede apoyar con una lactancia disfrutada.

Para mí amamantar no es lo más normal del mundo. Mi vieja intentó –sin éxito- darme teta durante cuatro días hasta que se le infectaron los que resultaron ser pezones invertidos y ya no soportó el dolor tan salvaje. Nunca pudo alimentarme como le dieron de mamar a la mayoría de ustedes. Y tampoco la vi darle teta a mi hermano, porque el embarazo la cogió por sorpresa y no alcanzó a operarse. En mi vida eso nunca fue normal. Cuando la mamá de mis sobrinas amaga a sacar una teta, yo salgo corriendo. No tengo amigas cercanas que hayan tenido un hijo desde que somos amigas, y las que los tienen lo hicieron cuando ya no eran cercanas.

Tranquila, no nos tienes que explicar que de lactancia no sabes un pito, eso queda claro desde el título de tu artículo.

Y es que justamente por eso es importante normalizar la lactancia, para que personas como tu mamá, que tuvo pezón invertido, sepan que existen alternativas a ganarse una mastitis y dejar la lactancia -siempre que quieran, obvio-. Para que seamos más conscientes en nuestra maternidad y nos empoderemos de ella, porque sí, nadie está obligado a tener hijos, pero tampoco una madre debería estar obligada a vivir una maternidad condenada al ostracismo, a vivir en la clandestinidad.

(Aquí hay un vídeo bastante explicativo, didáctico y gracioso que cuenta “por qué una mujer no debería amamantar en público“).

Somos hijos de una generación que no amamantó, que a su vez es hija de otra generación que tampoco amamantó… Una generación que creció entre las falsos milagros de la leche de fórmula, las guarderías, los cochesitos y la ferberización… En la práctica, estamos como esa chimpancé en el zoológico que no sabía cómo amamantar a su cría, la información escasea y la desinformación abunda (también de cuenta del mercadeo, la publicidad engañosa y un modelo neoliberal en el que una mujer que trabaje de 6 a 6, ojalá sin prestaciones sociales, es más útil que una mamá en su casa educando y criando, cuidando. La “economía del cuidado” es subvalorada, menospreciada, a pesar de que gracias a ella todo se sostiene… En todas esas lógicas la lactancia, y aún más la lactancia a término -hasta que el bebé se destete naturalmente- son un estorbo, y hasta un peligro). Lo que cuentas es claro ejemplo de esto.

Te sorprenderías si te digo que la lactancia se puede establecer de forma placentera, tranquila, indolora, siempre que haya información (con muuuuuy pocas excepciones). Y para eso, el simple acto de ver que dar teta es posible, es fundamental.

De hecho, aprovecho para recomendar (a los demás lectores) este libro de La Liga de La Leche, que ya está de venta en Colombia: El arte femenino de amamantar. También puede asistir de manera gratuita a los grupos de apoyo de La Liga de La Leche en el país.

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No me interesan los niños. No me entretienen y me aburren muy pronto.

No eres la única, el adultocentrismo está de moda, muy de moda. Y los niños han pasado a ser humanos de quinta categoría, prohibidos en cuanto sitio sea posible, restringidos al ámbito doméstico y a las guarderías. Somos una sociedad intolerante que ha olvidado la niñez, se ha insensibilizado hacia ella… No es sorprendente que en una sociedad insensible a la niñez pasen las atrocidades que vemos a diario, además porque olvidamos que de la manera en que ellos sean tratados, depende el futuro del mundo.

Pero aún así, no tienen que gustarte. A mi no me gusta que la gente fume y respeto su derecho a hacerlo…  Y eso que dar teta, a diferencia de fumar, no solo no es nocivo para la salud, sino que es altamente beneficioso para la mamá y el bebé. Recuerda que los niños, al menos aquí en Colombia tienen derecho a una alimentación sana y equilibrada, de hecho es uno de sus derechos fundamentales, y la lactancia materna a libre demanda, esto es, donde ellos lo requieran, es la mejor manera de garantizar la plena satisfacción de ese derecho en la primera infancia.

Nadie te está pidiendo que seas mamá, o que te guste la idea de amamantar.

No estoy sola. Somos muchos a quienes no nos gusta ver el acto naturalísimo de una madre que alimenta a su bebé. Es que no a todos nos gusta y nos disgusta lo mismo

El punto aquí no es solo de gustos, ¿sabes el alcance que tiene tu publicación? ¿entiendes acaso el impacto que tienen estos juicios en una mamá primeriza que quiere amamantar pero se siente hostigada por alguien que, a fin de cuentas, puede marcharse o mirar a otro lado? pues te cuento: muchísimas lactancias se acaban a la edad en que los niños aprenden a sacar los pechos de su madre a su disposición para amamantarse, generando así un perjuicio y el corte abrupto de un lazo importante en sus vidas. O incluso antes, cuando en nuestros trabajos no disponen de lactarios, cuando nuestras jornadas laborales hacen imposible la lactancia, cuando el personal de salud nos desinforma en lugar de informarnos, cuando no hay acompañamiento de otras madres que amamanten… Pero no te preocupes, aún si por accidente, por un aborto fallido llegares a ser madre, somos cada vez más las mamás que estamos generando espacios de discusión y activismo para poco a poco lograr establecer en la práctica esos derechos.

Cada cual es libre de expresarse, y de gustar o no de cualquier cosa… Pero no está de más recordar el impacto de nuestras palabras.

Desde este blog apoyamos el ecofeminismo, el lactivismo, el anarcofeminismo, la crianza respetuosa y sobre todo una educación diferente para acabar con tantos estereotipos y prejuicios machistas como los de Virginia. Y sí, son prejuicios, porque además no es cierto que nuestra sociedad sea tan conservadora respecto a mostrar los senos femeninos en general, y el prejuicio tampoco va en específico hacia el pezón (ver este experimento social), el prejuicio va hacia la teta que no vende y por el contrario, afecta ciertas ventas.

Molesta la teta que asoma bajo la blusa y cae, como caen los duraznos en febrero, sobre los labios diminutos de la cría hambrienta. Molesta la cría que acaricia la teta mientras posa los ojos nuevos en el rostro piadoso de la hembra que amamanta en el parque, en el colectivo, en el cantero. Molesta el pezón, redondo y rosado, arrugado, rebosante de leche, besado y mordido. Incomoda la teta cuando es fruta y no morbo, cuando el acto es íntimo a pesar de ser público y ningún otro que no sea hembra o cría comprende. La teta apropiada es la teta que vende lencería, celulares, autos, pero nunca la que da de comer. Qué sabe la cría de momentos adecuados para llorar de hambre. Qué sabe la cría del furioso marketing que condenó a la teta a ser pública para vender, pero nunca para amar.

Juan Solá.

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One Comment leave one →
  1. Leidy Juliet Santamaría Muñoz permalink
    9 abril 2017 7:02 am

    Que buen escrito!!! Definitivamente tiene que dejar nuestras tetas en paz, si no le gusta que no mire, nos hace un gran favor ignorandonos, e ignorando el tema de la lactancia, pues al hablar de el, en medio de su ignorancia, no hace más que afectar a algunas mamás, como tu bien lo dices.

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