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Una flor

4 abril 2017

Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño? Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí. Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.

Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño.
Y entonces residía en la ciudad que es llamada: La Vaca Multicolor.

-Así habló Zaratustra.

A ella le gustan las flores. A los adultos les gusta correr con el ceño fruncido.

A mi me gusta, siempre que puedo, parar, agacharme y ver las flores con ella, encontrar quizás una abeja, o simplemente ver como el sol irradia en su superficie (y pensar también en toda la maravilla evolutiva que encierra una flor).

Sueño con un mundo donde los adultos halemos menos a los niños de la mano, donde podamos caminar rápido o despacio, a su lado, acompañándolos a observar con precisión científica esos pequeños detalles del universo.

Para el adulto, parar a contemplar una flor es distraerse, perder el tiempo.

Qué felicidad se siente al conocer y compartir con alguien cuyo espíritu se ha transformado en niño.

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