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A propósito del día de la noviolencia contra las mujeres

25 noviembre 2016

¿Qué es el parto humanizado y la violencia obstétrica?

Debo empezar este escrito explicando algo que quizás resulte evidente para algunas personas, pero que no necesariamente lo es para todas las personas, y es que la violencia no solamente ocurre cuando alguien te grita o te golpea, que también es violencia cuando alguien te hace sentir mal indebidamente, cuando alguien usa su poder para obligarte a hacer algo que no quieres hacer (más aún cuando pone en peligro tu vida y la de tu bebé), incluso cuando te realizan procedimientos en tu cuerpo de los cuales no te han informado. Como mujeres vivimos violencias diversas, de todo tipo, algunas más notorias, otras más sutiles, y otras que pueden ser sutiles o notorias según el caso, como la violencia obstétrica.

La modernidad ha traído consigo avances médicos como el conocimiento de el efecto de virus y bacterias en el organismo y la necesidad de establecer protocolos de bioseguridad que han ayudado a reducir considerablemente las cifras de mortalidad materna y neonatal, pero también ha traído consigo formas de dominación del cuerpo y de la vida antes inimaginables, y en el acto de la gestación y el parto se empieza a evidenciar la creciente infantilización de la mujer/madre y el pasar de verla como un sujeto activo, sano y con derechos, a verla como un sujeto enfermo y sin condiciones de decidir por si misma.

De todos los pacientes que entran a una sala de urgencias, la madre es realmente la única paciente que generalmente entra sana, no obstante se le trata como enfermo cuando se le aísla de su familia, de sus seres queridos y se le somete a un montón de procedimientos sin siquiera informarle las consecuencias de cada uno de ellos en su vida y en su parto.

Con los mismos avances de la ciencia se ha logrado descubrir el efecto positivo que tiene en el parto que la madre se sienta cómoda, a gusto, acompañada de sus seres queridos, que pueda moverse durante el transcurso del parto, que no tenga que estar monitoreada permanentemente, el papel de hormonas como la oxitocina y la relaxina, la primera, conocida también como la hormona del amor, se genera más fácilmente en condiciones de tranquilidad, bajo luz tenue, es una hormona fundamental en el proceso del parto y se inhibe bajo condiciones de estrés. Por su parte, la relaxina ayuda a soltar los ligamentos de la pelvis y ablandar el cuello uterino, permitiendo así que se lleve a cabo el proceso de parto (sentenciar que una mamá es de “caderas estrechas” de algún modo implica desconocer el papel de esta hormona, normalmente el bebé que se gesta en el vientre puede nacer de forma natural de su madre, independiente de su tamaño).

La cesárea, por su parte, es un procedimiento quirúrgico importante, que si bien ha avanzado considerablemente y ha permitido evitar muchas muertes maternofetales, también ha llegado al punto de hacerse por moda, por confort, y lo más delicado: por desinformación. Es así como se ha llegado al término de “cesáreas innecesáreas”. La ceśarea, como todo procedimiento quirúrgico, tiene sus riesgos, incluyendo mayor probabilidad de alergias en los niños, se ha estudiado el papel que juega el proceso del parto en el desarrollo pulmonar del menor, así como se ha estudiado la diferencia de bacterias benéficas en el intestino entre niños que nacen por parto natural y cesárea (entendiendo la vagina como un canal portador de estas bacterias benéficas que son transferidas de la madre al hijo durante el parto), en la madre, se ha estudiado el papel de las cesáreas y su posible aumento de las depresiones posparto, así como un aumento en la dificultad de establecer la lactancia, de especial importancia en las primeras horas de vida. También existen casos -raros, pero existen- de corte de otros órganos importantes, corte a los tejidos del bebé y la adquisición de infecciones nosocomiales o intrahospitalarias.

En cuanto a la lactancia, existe un consenso científico con bastante soporte sobre la importancia de establecer la lactancia en la primera hora de vida del neonato, sin darle leches de fórmula y permitirle el contacto piel con piel con la madre siempre que sea posible (o en su defecto con otro cuidador cercano), es además un derecho de la madre saber si su hijo vive y está bien. A pesar de ello, a muchas madres se les priva de ese contacto con sus hijos y a sus bebés se les da formula sin siquiera consultar e informar a la madre.

Sobre el corte del cordón umbilical hay distintas conclusiones, pero la mayoría apunta a que el corte tardío (sobre los 2-3 minutos de nacido el bebé) permite al menor obtener nutrientes y hemoglobina que le serán de gran aporte. No obstante el protocolo más efectuado es cortar el cordón en tanto nace el bebé.

Hay maniobras totalmente desaconsejadas como la maniobra Kristeller, la cual consiste en empujar el bebé (para “ayudarle a nacer”) haciendo presión sobre el abdomen de la madre, sobre esta maniobra no se han documentado efectos positivos en el proceso del parto y, por el contrario, se han documentado riesgos que implica en la vida de la madre y el bebé.

Otro procedimiento, la Episiotomía ha pasado de ser un procedimiento ocasional, a establecerse en muchos hospitales como parte del protocolo, sobre este procedimiento quirúrgico (que consiste en cortar parte del periné durante el proceso del parto) no se ha documentado que realmente permita facilitar el proceso del parto, por el contrario, se ha observado que las mujeres que sufren desgarros espontáneos generalmente se recuperan en la misma cantidad de tiempo o en menos tiempo y, a menudo, con menos complicaciones que aquellas a las que se les realizan episiotomías. Adicionalmente, las mujeres a las que se les practica una episiotomía tienden a perder más sangre en el parto, tienen más dolores durante la recuperación y tienen que esperar más tiempo para tener relaciones sexuales sin sentir molestia (sin contar los casos en que terminan con disfunciones permanentes). A pesar de esto a muchas madres se les realiza episiotomías de rutina sin siquiera informarles.

Luego de una serie de sucesos no favorables para el parto natural (acostarse y estar en contra de la gravedad, bajo monitoreo permanente, estrés y ansiedad que terminan inhibiendo la oxitocina natural, luego la oxitocina sintética aparece para acelerar un parto cuyos tiempos y procesos naturales no se les ha permitido -generando a veces más dolor-) aparece la Epidural como la salida al dolor de un parto que misteriosamente se ha estancado, terminando en cesárea en la mayoría de los casos. No se concibe un parto sano, en movimiento,ni métodos para calmar el dolor como usar un balón, caminar, cambiar de posición, recibir masajes de la Doula o pareja, o incluso una bañera con agua tibia en un ambiente cálido y agradable.

Algunos partos incluyen procesos que pueden vulnerar la intimidad o la idiosincrasia de la madre, la afeitada de rutina se ha observado que no solo no es necesaria para mantener la asepsia sino que a veces puede facilitar infecciones e irritación. Por su parte el enema (laxante que se introduce por vía rectal para “limpiar el colon” durante el proceso del parto) se ha demostrado que no acelera el proceso del parto de forma significativa y tampoco afecta la seguridad o asepsia del proceso de forma significativa, por lo que se sugiere que se realice solo a demanda (no de forma rutinaria). Aún así hay madres a las que les rasuran o les aplican enema sin preguntarles.

De forma menos común, pero constituyendo una violencia más notoria están los casos en que se cuestiona la sexualidad de la madre (“¿cómo para concebirlo si no lloró/gritó?”) Muy frecuentemente se tienden a censurar los gritos en un momento en que la madre entra en un estado de consciencia diferente, en que su cuerpo se abre para dar a luz una nueva vida.

Un hecho con el que se han logrado más concesiones recientemente es con el permitir el acompañamiento del esposo y/o la doula durante el parto hospitalario, cada vez más hospitales lo permiten, igual que el permitirles ser parte del proceso (otro capítulo pendiente es el pensar si privar al padre de involucrarse durante el parto constituye también violencia de género hacia ellos) cortando el cordón umbilical, y permitir el contacto temprano piel a piel, quizás sea un buen comienzo para un camino largo, en el que debe quedar claro que no solo hasta allí llega la búsqueda de un parto humanizado.

Existe quizás una confusión bastante generalizada respecto a la diferencia entre un parto natural y un parto humanizado, y dada la amplia documentación existente es posible concluir que no todo parto natural (fisiológico, etc) se da de forma humanizada ni todo parto humanizado es parto natural.

La imagen clásica de la madre acostada a la que le indican cuando pujar y que no puede gritar es quizas un indicio de lo normalizado que está el ver a la madre como un paciente enfermo, y también la surgiente moda de programar las cesáreas acorde a la agenda de la madre o del obstetra (a veces con información falsa del tipo “tus caderas son muy estrechas”, “tú no puedes parir un bebé tan grande”, entre otras) sin contar el desarrollo pleno del bebé da cuenta de lo desconectados que estamos del proceso natural de parir.

Pero así como existen cesáreas innecesáreas también existen cesáreas humanizadas, en casos en que la madre -plenamente informada de los riesgos- decide tenerla y se respeta su decisión, como en casos de alto riesgo en donde la cesárea es la única forma de salvar la vida de la madre o el bebé, y se da de forma armoniosa, sin maltrato físico o psicológico, por el contrario.

Todo esto para hacer un llamado a informarnos, a revisar los postulados de la OMS respecto al parto, la norma técnica de atención al parto del ministerio de protección social, así como el conocer el proceso mental y hormonal por el que suele atravesar una mamá en trabajo de parto.

Además de informarse, es de destacar también el deber del personal de la salud a la hora de realizar cualquier procedimiento, explicar posibles consecuencias de cada cosa es parte fundamental del consentimiento informado: ver en la madre un ser pensante capaz de decidir por si misma. Igual de importante es soñarse y tener un plan de parto, pensar no solo como te sueñas el parto, sino qué quisieras que pasara si las cosas se dan de otra manera.

Por último, recordar que existe también personal de apoyo valiosísimo como son las doulas y doulos, las asesoras de lactancia y de porteo. Y por supuesto, “la tribu”. La violencia obstétrica es violencia de género, es una violencia que nos toma en un momento íntimo, importante y sublime, quizás la construcción de un mundo en paz comience por un mundo donde los que lleguen, lleguen sin violencia para ellos o sus madres. Eso, justamente, es lo que busca el movimiento por un parto humanizado.

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