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Escobar en Netflix: la historia incompleta.

22 septiembre 2016

Como Colombiana y persona que apoya todo intento por recuperar la memoria y mantener la libre expresión, me siento contrariada con el hecho de que en un momento tan histórico para nuestro país, el mundo hable de nosotros nuevamente por Pablo Escobar. Me parece injusto, como es injusto si de Alemania sólo se hablara de el Nazismo, de España el franquismo o de Chile o Argentina sus dictaduras.

No bastó con la serie colombiana “El patrón del mal”, con todas las narconovelas, no, Netflix tenía que poner la guinda del pastel con otra serie (que no sé si sea buena o mala, y a decir verdad tampoco me interesa saberlo).

Quizás para este momento sería incluso más lógico exportar series como “la niña”, documentales como El Baile Rojo, o el del centro de memoria histórica “no hubo tiempo para la tristeza”, impunity, “de Machuca se olvidaron hasta para pedir perdón” de Telemedellín entre otros. Lo más probable es que el dos de octubre gane el sí (pero no es cantar victoria, hay que salir a votar), se acabará la guerrilla más vieja que queda, y según dicen algunos el último vestigio de la guerra fría, eso es lo que deberíamos contar, eso si es que se pretende entender la dinámica del conflicto que nos ha llenado de sangre por tantos años.
<https://youtu.be/das2Pipwp2w&gt;

Mientras tanto, Yuberjén, medalla de plata en boxeo, ayuda a construir con sus manos la casita para su mamá, Mariana Pajón se prepara para su tercera medalla en los próximos olímpicos, Llinás sigue investigando, Diana Sierra de BeGirl sigue llevando toallas higiénicas de tela a las mujeres más pobres (y que por razones culturales pasaban estos días en encierro). Eso entre miles de historias que tiene nuestro país por contar.

No me interesa esa imagen falsa que muchos gobiernos (como nuestra pasada alcaldía y Sergio fajardo) pretenden dar al mundo: esconder la pobreza, mentir sobre la violencia, esconder los habitantes de calle (o matarlos) y decir que “pasamos la página del miedo” (es lo mismo que quiere hacer Peñalosa en Bogotá, por cierto). No me interesa negar que existió Pablo Escobar, pero no fue ni es lo único que hemos vivido.

¿No sería más valioso que el mundo sepa que hay familias que se están reecontrando gracias al proceso de paz con las FARC? ¿no sería más valioso lanzar voz de alerta por los líderes sociales que están matando -ambientales, indígenas, mujeres, negritudes y de izquierda-? Quiero ojos sobre este momento histórico, pero ojos que nos ayuden a que nuestros gobernantes sientan un poquito de vergüenza por ese genocidio, a que el estado garantice que si gana el sí no veremos otro exterminio como el de la UP, durante el cual Ricardo Palmera, igual que muchos otros, decidió ingresar a la guerrilla, lo hizo con el alias de Simón Trinidad (parte del nombre de Simón Bolívar) y hoy paga pena en una cárcel de Estados Unidos.

No quiero otro exterminio, no quiero que este momento sea la excusa para derramar más sangre por cuenta del paramilitarismo en alianza con el estado. Quiero que se cuente nuestra historia para que no se repita, y la historia de Escobar se queda corta, muy corta.

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