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Mi ideal de feminismo

25 abril 2016

Las herramientas del amo

no destruirán nunca la casa del amo

Audre Lorde

Feminismos hay muchos, corrientes, olas, ideas, debates…

Lo principal son tres corrientes, una primera a la que debemos la primera reivindicación de derechos de la mujer, podemos votar, estudiar, tener propiedades entre otras cosas. Una segunda que se cuestionó más el rol de la mujer, los derechos reproductivos (voilá, la píldora), aspiraciones laborales, igualdad salarial, el no tener que quedarse en casa… Esta segunda ola se va tornando en cierto misticismo, en un retorno a entender los ciclos femeninos, en descubrir lo que llevamos años negándonos (que somos animales, por ejemplo) y deviene en una reivindicación de la mujer salvaje, en partir de ese “no se nace mujer, se llega a serlo” para deconstruir el discurso de la femineidad (como la mujer buena madre, la mujer cariñosa, coqueta, tierna…) y construir uno nuevo (una mujer sintonizada con su naturaleza femenina, con sus ciclos menstruales -asemejados a los ciclos lunares…-).

En esta segunda ola surgen cuestionamientos varios, por ejemplo ¿Por qué debe encargarse la mujer de la crianza especialmente en los primeros años de vida y quedarse rezagada en el trabajo? ¿por qué la mujer permite ser usada como objeto en la pornografía, la prostitución, y en los estándares generales de belleza -depilación, figura de reloj de arena, vestir de manera femenina, llevar el cabello largo…-? ¿por qué algunas mujeres ganan menos dinero por hacer el mismo trabajo que algunos hombres? ¿por qué la mayoría de cargos públicos son ocupados por hombres habiendo mujeres competentes para ejercerlos?

La sexualidad en general ha sido un punto bastante relevante entre las diferentes corrientes de feminismo, aquí podemos ver algunas de sus diferencias. Y de hecho, fue esa divergencia entre la forma de ver la sexualidad lo que marcó el nacimiento de la tercera ola feminista, más específicamente, la llamada “guerra” entre las feministas anti-pornografía y las feministas lesbianas (también el feminismo pro sexo).

El nacimiento de esta tercera ola ha estado marcado también por las teorías queer y el feminismo racial (y étnico en general), feminismo poscolonial, ecofeminismo…

Aquí se critica el modelo de feminismo esencialista, esencia basada en los ideales de la mujer blanca occidental de clase media-alta. Se crítica en muchos casos una búsqueda de la igualdad más no de la equidad y el trato justo desde la diferencia. Se critica que la mujer blanca hable de su liberación mientras su cocina es limpiada por una mujer negra, y que desde una visión paternalista intente imponer su idea de liberación sin considerar la diversidad que existe entre las culturas (aquí y aquí se puede dar un vistazo sobre feminismo negro, por ejemplo).

“Nosotras las mujeres negras hacemos parte de un contingente de mujeres que trabajan durante siglos como esclavas en la agricultura o en las calles como vendedoras, vendedoras de comidas, prostitutas, etc. Mujeres que no entendieron nada cuando las feministas dijeron que las mujeres deberían ganar las calles y trabajar! Hacemos parte de un contingente de mujeres con identidad de objeto. Ayer al servicio de frágiles señoritas y de los señores morbosos de los ingenios. Hoy empleadas domésticas de mujeres liberadas y grandes damas o mulatas tipo exportación. Cuando hablamos de romper con el mito de la reina del hogar, de la musa idolatrada de los poetas, ¿de qué mujeres estamos hablando? Las mujeres negras hacen parte de un contingente de mujeres que no son reinas de nada, que son pintadas como anti–musas de la sociedad brasilera porque el modelo estético de la mujer es la mujer blanca. ¿Cuando hablamos de garantizar las mismas oportunidades para hombres y mujeres en el mercado de trabajo, estamos garantizando empleo para qué tipo de mujer? Hacemos parte de un contingente de mujeres para las cuales los anuncios de empleos utilizan la frase: “se exige buena apariencia”. Cuando hablamos que la mujer es subproducto del hombre, que surgió de la costilla de Adán, ¿de qué mujer estamos hablando? Hacemos parte de un contingente de mujeres originadas en una cultura que no tuvo Adán. Originadas por una cultura violada, folclorizada y marginalizada, tratada como cosa primitiva, cosa del Diablo, esto también es un elemento alienante para nuestra cultura” Sueli Carneiro

También se critica ese esencialismo desde la comunidad LGBT y el feminismo pro sexo, porque no trasciende la heteronormatividad, porque su visión de la pornografía ignora que en ella muchas veces la mujer se ve representada en roles dominantes, además que da cabida a una diversidad muy amplia de mujeres, a diferencia de la cultura tradicional de entretenimiento. Se critica que sea una visión muy vainilla del sexo, sin considerar múltiples alternativas que brindan placer sexual de innumerables maneras.

Algunas actrices porno se identifican dentro de la corriente del feminismo pro sexo, resaltando que no se ven a sí mismas como víctimas, que su elección de trabajar en esta industria fue elegida libremente y sus actuaciones ante la cámara representan una expresión de su sexualidad.

Pasa algo similar con la prostitución, que mientras es vista por el llamado feminismo tradicional (occidental) como la cosificación de la mujer como objeto de placer al disfrute del hombre, considerando que esto afecta tanto a la mujer como a la sociedad en general, existe una corriente feminista que ha ido reivindicando la prostitución, diferenciándola de la explotación sexual, entendiendo que la prostitución es un oficio voluntario y apoyan y defienden a las trabajadoras sexuales tanto de posibles abusos de la industria del sexo como legalmente ante el gobierno. Estas feministas con frecuencia trabajan de la mano de asociaciones de trabajadoras sexuales para defender sus derechos, además consideran que la industria del sexo en general es tan amplia que afirmar que siempre implica coerción es ignorar su diversidad.

La teoría queer recoge un poco de todo lo anterior, entendiendo que el género, la identidad sexual y la orientación sexual es un constructo social y no algo esencial o biológicamente predefinido. Desde lo queer se cuestiona la rigidez de categorías como homosexual, heterosexual, trans… Se entiende por homosexual o heterosexual el acto más no la persona, permitiendo así mayor plasticidad en la expresión del erotismo (vale la pena ver proyectos hermosos como el de Chrysallis). Desde la biología se sabe también que los cromosomas sexuales pueden organizarse de diferentes maneras (x0, xy, xyy, xxy, etc) y que incluso un individuo xx puede tener fenotipo masculino si ha habido translocación del gen SRY o ser de fenotipo femenino si su SRY ha mutado. Estas situaciones pueden tener influencia en la autodeterminación de género e identidad sexual de la persona.

El lipstick feminism por ejemplo es un feminismo de tercera era que reivindica el uso de los cosméticos, maquillaje y ropa “atractiva” (esto es bien subjetivo, claro), en contraposición con el feminismo estereotipado como “ugly feminist” o “anti sex feminist”, es decir, aquel feminismo que ve en que las mujeres cuiden de su apariencia como una presión del patriarcado, en este feminismo podríamos incluir también la Marcha de las Putas, esto es, la marcha que se realiza para defender el derecho de las mujeres a vestirse como deseen sin que por ello se les considere responsables si son acosadas sexualmente.

En cuanto al ecofeminismo hay diferentes vertientes, yo resaltaría la vertiente “que corre con los lobos”, es decir, la vertiente que ve en la mujer y en la tierra una afinidad en esencia, que reivindica la mujer salvaje, instintiva, que encuentra en el ciclo menstrual una identidad con la luna. Esta vertiente pienso yo que es más de la segunda ola feminista, bastante esencialista y a veces incluso radical en sus posiciones (por ejemplo). Hay también una vertiente menos esencialista, y más cercano al anarcofeminismo, es decir, que apoya los principios de autonomía, solidaridad, anti-autoritarismo, anticapitalismo, ayuda mutua, entre otros, bastante involucrados en la teoría anarquista.

FEMINISMO Y MATERNIDAD

Como bien lo indican en el artículo Construir un discurso maternal decente, dentro del feminismo existe un discurso muy plural sobre la maternidad, pero predomina el discurso del feminismo de la segunda era que, luchando por empoderar a la mujer, ha luchado por evitar que siga los cánones occidentales establecidos de casarse, tener hijos y quedarse en casa. Sacar a la mujer de la casa ha sido la piedra angular del feminismo de la segunda era -en mi criterio-, que pueda dirigir una empresa, que pueda aspirar académicamente, etc.

Allí la reproducción juega un papel fundamental, el uso de los anticonceptivos y las luchas aún necesarias por el derecho al aborto, pues aún miles de mujeres siguen muriendo a causa de abortos mal practicados, o porque tenían embarazos riesgosos y no les permitieron abortar, o sufren porque su embarazo fue consecuencia de una violación, o porque mentalmente no se sentían en condiciones de traer un hijo al mundo.

En general, hay una tendencia dentro del feminismo de segunda era a ver la maternidad como un acto opresor de la mujer, lo cual hay que evitar de una u otra forma, y así como con todo, uno termina entendiendo que la maternidad es también un acto político (como ya había mencionado acá, acá, acá y acá), citaré un aparte del artículo:

Muchas feministas han identificado –correctamente, en mi opinión– la maternidad como fuente de opresión y sufrimiento en nuestras sociedades. Pero en lugar de luchar y denunciar este hecho han preferido dar la espalda a la maternidad, confundiendo, tal vez, los problemas que entraña la maternidad en una sociedad como la nuestra con problemas intrínsecos de la maternidad.

Construir un discurso maternal decente

Es por ello que vemos que muchas personas de nuestra generación (entre las que yo me incluía) son militantes childfree, critican la presión social que tienen sobre sus hombros de reproducirse y seguir el modelo de vida de occidente, enfatizan su defensa en los derechos de no reproducirse pero pasan de lado los derechos de las personas que ya tienen hijos. Un caso aberrante reciente fue la crítica promovida por medios de comunicación de criticar a los indígenas Wayuu por tener varios hijos en condiciones de pobreza, sin entender que el culpable de la mortandad Wayuu es el sistema económico inequitativo que tenemos (como ya había escrito aquí).

El ver la maternidad como un acto opresor de la mujer ha llevado a muchas mujeres al modelo superwomen, es decir, a tratar de ser excelentes en su trabajo, a la vez que son excelentes en su relación de pareja, amigos y demás, y ser excelentes madres bajo los parámetros de la modernidad occidental, esto es: escolarización temprana, educación al mejor estilo de Ferber -para que el niño sea bien disciplinado y obediente-, no lactancia (hay una corriente feminista segunda era bastante enfática en que cuando una mujer lacta está siendo oprimida por el patriarcado), biberones, y cuanto producto innecesario para bebés puedas comprar para mantener el status de buena madre y mujer triunfadora.

Y realmente son madres que pueden llegar a sentirse felices con sus vidas, de hecho he visto muchas por ahí que cuando una feminista reclama los derechos de las madres lo ve como una posición victimizante de la mujer, resaltando lo fuertes que son y lo mucho que han logrado.

Esa generación aprendió a ver la salvación de sus vidas en la leche de fórmula, el llanto prolongado de noche de sus hijos -en habitación separada- como la salvación a sus matrimonios y la independencia de sus hijos, el no cargarlos cuando lloran para no malcriarlos, etc. Es por ello que no asombra que para esa generación amamantar en público sea un acto transgresor e indebido. También es la generación de las colgonas, los caminadores (para que aprendan a caminar más rápido) y regresa al trabajo/estudio en cuanto puedas con figura de reloj de arena, sin kilitos de más.

Es aquí a donde llego a…

MI IDEAL DE FEMINISMO.

Primero que todo debo decir lo que entiendo por feminismo, que para mí no es una búsqueda de la igualdad -que es imposible- sino de la equidad.

Mi ideal de equidad no se limita, por supuesto, a que las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres, lo ideal es que todos los derechos sean respetados, no sin entender y respetar también los contextos socioculturales.

Digo que es imposible la igualdad por razones biológicas y psicológicas. Claro que una mujer puede llegar a tener un estado físico que muchos hombres envidiarían, pero yo prefiero trascender del discurso hombre/mujer para que todos podamos ser y vivir como mejor nos sintamos con nuestros cuerpos y mentes, al trascender de ese discurso entendemos y aceptamos que somos desiguales, diversos.

Ese vivir como mejor nos identifiquemos con nuestro cuerpo y mente implica también erradicar el discurso esencialista. Yo soy madre y muchas mujeres pueden serlo, pero también muchas otras no pueden serlo y no por ello son menos mujeres. Si una persona XY tiene afectado su gen SRY y resulta que se siente como mujer, que desarrolla pechos (aunque no genitales de igual forma) pero no puede tener hijos, para mí es mujer. O si simplemente prefiere considerarse XYN (de género neutro), también es válido.

Por eso no me siento tan cómoda con el discurso de que las mujeres estamos biológicamente hechas para ser madres, en ese sentido me identifico con la idea de que el género, ese ser mujer, es una construcción social. Claro, somos mamíferas, y claro que nuestro cuerpo en el embarazo y la lactancia normalmente desencadena un montón de cosas que nos permiten parir, amamantar y generar lazos de afecto inmediato con la cría, sabemos quienes defendemos la lactancia que nuestra leche es un fluido vivo que cambia, sabemos que podemos amamantar 6 meses o 6 años si así queremos (salvo contados casos excepcionales), sabemos que podemos parir y que en la mayoría de los casos el proceso de parto no necesita otra cosa que tiempo y tranquilidad de la madre. También por eso rechazamos (muchas madres feministas) las prácticas médicas innecesarias que deshumanizan el parto.

Pero todas esas capacidades que tenemos la mayoría de los individuos con cromosomas XX en condiciones genéticas, fisiológicas-hormonales “normales” no deberían ser lo que nos defina como mujeres.

Habiendo pasado este tema, cabe señalar el tema de la crianza, que ya lo he mencionado en post previos. Para resumir, gran parte de las ideas que tenemos de la crianza son en realidad influenciadas por el sistema económico capitalista, y son ideas que no reconocen la diversidad cultural ni étnica porque parten de un discurso imperialista. Homogenizador.

Es por ello que mi ideal de feminismo valora los saberes ancestrales de diversas culturas en cuanto a la partería y la crianza (entre muchos otros saberes y modos de vivir). Paradójicamente, muchas de las culturas a diferencia de la nuestra si prefieren portear a sus hijos, dormir con ellos y amamantarlos durante más de un año.

Mi ideal de feminismo entiende que este planeta tiene recursos limitados, y que debemos tratar de cuidarlos lo mejor posible. Es por eso que como madre apoyo (y ojalá yo tuviera más) el uso de pañales de tela, el no uso de coches de bebé, caminadores, y un montón de juguetes para comprar y tirar, entre otras cosas.

Me gusta la idea de la autogestión en tanto sea posible y me gusta la idea de la simplicidad voluntaria, ambas son herramientas para un buen vivir, herramientas que nos pueden permitir pasar de lado de los ideales de éxito capitalista. Me gusta la idea del unschooling (tema para otro post) en tanto que nuestro sistema educativo es lamentable. Me encanta saber que Internet está lleno de ayuda mutua, de compartir recetas, DIY, y contenidos de muy buena calidad de manera gratuita. Acá podés encontrar la fórmula para hacer tu propio jabón sin matar animales ni usar palma africana, y también podés encontrar la fórmula para hacer tus propios pañales, tu propio mei tai, tu propio huerto, o mejor aún, una ecoaldea, un huerto comunitario, etc. Por ejemplo el ¡Hola eco! Colectivo me encanta.

En mi ideal de maternidad y feminismo INDEPENDENCIA no es que tu hijo duerma en su cuarto luego de llorar muchas horas, sino que pueda ir a sembrar contigo su propio alimento, por ejemplo.

He adquirido mi copa menstrual y sé que eso implicará algunos cambios (aunque el primer día casi corro al hospital, y gracias a un consejo oportuno no lo hice), pero lo hago por ecología. Sé bien que los procesos genéticos y fisiológicos en la naturaleza son más que asombrosos, pero ese amor y capacidad de asombro quiero seguirlos teniendo sin necesidad de esencialismos. Por acá hay uno de los muchos estudios de cronobiología, una rama bien hermosa de la fisiología (a propósito de las sincronías con la luna, no solo hy sincronías con la luna y el ciclo menstrual, hay sincronías en diversos animales, hasta insectos).

Amo la vida, la biodiversidad, me regocijo en ella, es por eso que valoro las diferentes identidades sexuales, de género, étnicas, culturales, etc., para mí son una manifestación más de la diversidad de la vida. Me gusta la idea de compartir también porque compartiendo más personas pueden conocer otras alternativas y cosmovisiones. Quizás ese sea un camino inicial para evitar tanta guerra.

Como madre, es mi decisión estar en casa la mayor cantidad de tiempo posible junto a mi hija, sea a veces trabajando, sea con ella, sea jugando… Es por eso que mi ideal de feminismo también va en defensa de las violaciones de las EPS, que nos respeten el parto de manera humanizada, que paguen nuestras licencias de maternidad, que nos asesoren bien en lactancia y crianza respetuosa, en vez de andar predicando la clásica ferberización y asustando a las madres que no siguen métodos conductistas.

Mi ideal de feminismo también entiende que si una madre decide en casa para cuidar un hijo está realizando un acto altruista (y aquí difiero con la teoría comportamental que indica que es un comportamiento netamente dado por la semejanza genética, de hecho hay madres que logran relactar con hijos adoptados y tener una crianza con apego y respetuosa). Con ese acto altruista, así muchos gobiernos prefieran ignorarlo, está ayudando a construir un mundo mejor, una madre o un padre que dedica su tiempo completo al cuidado de los hijos debería ser entendido por los gobiernos como un cuidador que está ayudando a construir un mundo diferente, y actuar en consonancia, o al menos garantizar que sus derechos no sean vulnerados.

Mi ideal de feminismo como madre se aleja de la mujer sacrificada (y sacrificada no quiere decir que se viva quejando, no, es esa mujer que literalmente se puede estar partiendo el pellejo pero que quizás no dice nada porque siente que es su deber y se siente orgullosa, aunque tristemente el cuerpo siempre termina pasando factura de algunos excesos), por el contrario, mi ideal de feminismo sueña que si una madre prefiere regresar al trabajo, pueda hacerlo y sus empleadores le permitan hacerlo, que si prefiere trabajar desde casa pueda hacerlo y tener el apoyo suficiente, y que si decide quedarse en casa tiempo completo sin trabajar (apretarse el cinturón, que llamamos por aquí), también sea apoyada. Ya está bien de feministas insultando a las madres que deciden quedarse en casa, o que buscan que en sus trabajos les permitan tener un espacio de extracción y almacenamiento de leche materna, o gozar del beneficio de la hora de lactancia (que en Colombia existe), o que puedan tener guarderías públicas y de calidad, o que deciden emprender, o que deciden teletrabajar.

Y sí, las licencias de maternidad pueden extenderse sin que eso implique la quiebra del país (aquí pueden verse los 10 mejores países para ser madre, ninguno en quiebra por ello), y también pueden combinarse con mayores licencias para el padre (pasar de la absurda cifra de 7 días).

Y no, ello no quiere decir que nos estemos relegando de manera voluntaria, estamos disfrutando y viviendo una etapa única en nuestras vidas, ¡la niñez pasa tan rápido! y la maternidad decidida enseña tanto, tantísimo. Para mí compartir más tiempo en casa con mi hija ha sido como otro pregrado, y sí me veo haciendo mi jabón en casa con ella y enseñándole el proceso de la saponificación, por ejemplo.

La maternidad ha implicado en mí un profundo autoanálisis, un pararse al espejo y enfrentar mis propios miedos y fantasmas (en proceso), el pensarle a la manera en que nos educamos, la manera en que llegan tantos discursos a nosotros desde la primera infancia. Basta ver los juguetes, clasificados por género en la mayoría de establecimientos. Mi ideal de feminismo tampoco ignora esos discursos, micromachismos le llaman algunas, patriarcado generalizan otras, endoculturación occidental le llaman otros (por acá y acá hablan un poco más sobre oriente y occidente -el orientalismo-, y sobre imperialismo se puede ver hasta en Wikipedia).

Es por eso que mi ideal de feminismo no deja a la maternidad por fuera, como no deja al hombre por fuera de su rol de padre (cuando es padre, por supuesto. No pretendo promover la reproducción), mi ideal de feminismo va encaminado a un futuro que acepte la biodiversidad sin tantas trabas, que sea respetuoso con las personas y con el planeta en que vivimos, un feminismo autónomo que ayude a que cada vez dependamos menos de este sistema que está acabando con las culturas y con el planeta, un feminismo solidario para que más personas tengan acceso a la información y puedan colaborarse entre sí, un feminismo no colonialista ni desarrollista, que no intente imponer un patrón de cultura a los demás. Un feminismo que respete la diversidad de género, de orientación sexual, la autodeterminación en general. Un feminismo que a fin de cuentas entienda al ser humano como parte del planeta, responsable de sus actos, de los daños al mismo… Un feminismo que no me critique por usar labial si quiero, o no usarlo si no quiero, o ver pornografía, o preferir un sexo que no sea vainilla, o ser madre y disfrutar serlo.

Claro, todavía nos falta lograr muchos derechos y no hay que desistir, pero mi ideal de feminismo, al menos por ahora, está más en esa tercera ola que en la segunda.

Sé que para muchas personas -especialmente mujeres- que una mujer luche por sus derechos es sinónimo de que “se las quiere dar de víctima” y no es así, que una persona logre empoderarse por ejemplo para denunciar un parto no humanizado no es una posición autovictimizante, es una legítima búsqueda de justicia que hace más cercana esa equidad que tanto se necesita.

Un caso reciente y lamentable ocurrió en la Feria del Libro de Bogotá con la escritora Carolina Sanín, quien se preguntaba sobre la censura para hablar de la desigualdad de las mujeres y no solo fue callada por un miembro del público, también fue ridiculizada a manera de chiste y finalmente infantilizada en un programa de radio que habló del tema (ver análisis del caso aquí y aquí), también es necesario que el feminismo siga luchando contra esas sutiles exclusiones que menciona Yolanda Reyes.

Y en medio de todo hay que tener presente: Las herramientas del amo no destruirán nunca la casa del amo… Y no es posible pensar una reivindicación de las mujeres, de las personas, por fuera del capitalismo y el discurso desarrollista si el mismo feminismo no logra salirse de allí.


Ps: Ahí disculpan los estudiosos de ciencias sociales si cometo imprecisiones con los términos, pues me he basado mucho en lo que entiendo de cada cosa.

Coda:

Para mí no es feminista el buscar espacios para la mujer solo porque es mujer sin mirar sus competencias. Más que pensar por ejemplo en EEUU en que gane Hillary porque es mujer, habría que mirar si es competente y si es la mejor opción. Más que pensar en listas cremallera creo que hay que pensar en permitirle a la mujer desde niña ejercer su liderazgo. El poco liderazgo que manifiestan muchas mujeres ante cargos públicos es la consecuencia de un montón de cosas, entre ellas el matoneo que tienen las mujeres desde pequeñas si son líderes (¿mandonas?). Claro está que hoy por hoy la cuota de género es un paliativo que bien aprovechado puede generar cambio.

Coda 2:

¿Y el hombre?

Los hombres también son víctimas del patriarcado, no solo se benefician de él. Son obligados a negar sus sentimientos, a no expresarlos para no ser ridiculizados, a asumir más trabajos de alto riesgo, a padecer ETS y protegerse menos por temor a que un condón disminuya su virilidad, a no desempeñar ciertos oficios sin que su preferencia sexual no sea juzgada, a no vestirse con ciertos colores y prendas… Me gusta la idea de un feminismo solidario también por ello, porque si yo me siento mujer y quiero defender a la mujer, vale la pena apoyar a todos aquellos seres que también se han perjudicado por la situación de inequidad en que vivimos.

¿Y el padre?

Muchas veces el feminismo (segunda era) critica la madre que decide acompañar más a sus hijos (como pasó en España con la diputada Carolina Bescansa) y se hace esa pregunta. Claro que el padre debe responsabilizarse de la paternidad, pero también es claro que el padre no tiene senos, amamantar -que yo sepa- es algo no posible en la mayoría de los hombres, en sus primeros años por ello el niño dependerá más de la madre, lo que no quiere decir que el padre pueda apoyar en varias tareas: cocinar, bañar al crío, asear casa, pasearlo, consentir a mamá (amamantar es bello, pero agota), entre otras. Tristemente muchos padres no fueron educados para ello, también en eso debemos generar cambio con los hijos varones.

También el parto respetado vela por los derechos del hombre, de ser partícipe de ese proceso. Y claro, la licencia de paternidad extendida, y que puedan repartir entre padre y madre a elección.

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