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Ser o no ser madres superwomen, a propósito del día de la mujer

7 marzo 2016
Ilustración: Nathalie Jomard

Ilustración: Nathalie Jomard

La mayoría de las madres se debaten entre el odio, la envidia y la admiración hacia la clásica superwoman: esa mujer que ven en la tv (o a veces por ahí) con su cabello perfectamente arreglado, cuerpo “perfecto” sin esos “kilitos de más”, y un hogar e hijos aparentemente felices, exitosas laboralmente, independientes, arriesgadas. El modelo S XXI.

Pocas parecen notar que es un modelo tan maquillado como la misma publicidad, que es prácticamente imposible, y a la vez, todas terminamos siendo superwomen de algún modo.

Verán: la tendencia normalizadora moderna inclina la balanza hacia pretender un trabajo, desatender a los hijos, dejarlos a cargo de otras personas largas jornadas al día, hacia no hacer nada de eso que es disfrutable de la maternidad, como lo es dejar fluir esa conexión madre-hijo, mamífera-mamífero, no darles pecho a demanda, no abrazarlos, no dormir con ellos, dejarles llorar para que se acostumbren, y regresar a trabajar cuanto antes termine la licencia. Hasta ahí nada nuevo, ya lo he dicho antes.

Lo que no se dice es que además de esa presión normalizadora hacia el desapego o el apego inseguro, hay una presión hacia el obligar a la mujer a abandonar sus propios sueños e ideales, una presión para que sea una excelente madre, a la vez que una excelente profesional, trabajadora, ama de casa, pareja, y que luzca genial y feliz, esto es, una superwoman.

Y eso, lejos de ser realista, es insensato. Es insensato pretender que además de las labores que de por sí trae un hogar, sumadas a las que trae el hijo, tanto en la crianza como en oficios adicionales, más el trabajo, más la vida en pareja, más el tiempo de autocuidado, y falta mencionar la vida social, que no siempre es placentera (de hecho, muchas veces no lo es, todo lo contrario), y por lo general esa mujer termina sacrificando algo fundamental: el autocuidado.

Hoy la conciliación sigue siendo casi una utopía por la que tenemos que luchar porque por una parte somos de una generación hija del desapego, del machismo que no enseña a los hombres a las labores domésticas, de gobiernos que siguen sin entender la importancia de extender licencias de maternidad y paternidad, de mejorar oportunidades para las mujeres y sobre todo para las madres, sobre quienes termina por recaer la carga de la modernidad: ser una superwoman, y por otra parte debemos seguir en nuestras propias búsquedas personales, tratar de superar nuestros propios “rayones mentales” para dar lo mejor de nosotras, a los hijos, a la pareja, a la familia, al mundo… ¿Y a nosotras mismas?

Debemos seguir luchando porque para las siguientes generaciones la conciliación sí sea viable, pero ahora el imperativo es ser sinceras con nosotras mismas, aprender a pedir o exigir ayuda, distribución de labores en el hogar, en la crianza y en lo profesional, aprender a renunciar sin temor a un trabajo cuando lo que deseamos es compartir los primeros años de la vida de nuestros hijos, o aprender a teletrabajar y a tener o buscar el apoyo necesario para que sea posible, o aprender a trabajar y dejar al hijo en otras manos si eso es lo que se desea, y sobre todo, aprender a sacar tiempo para si mismas, para leer un rato, tomarse un café, dormir, recibir un masaje, en fin.

Y en todo este proceso de aprendizaje un elemento fundamental a eliminar es la culpa, todas somos superwomen en tanto que damos lo mejor de nosotras al mundo, sé de madres que -al igual que yo- viven jornadas de 4am a 11pm y sin sueño de calidad por meses y hasta años, dan lo mejor de sí y a pesar de ello sienten culpa. Hoy, ad portas de conmemorar el día internacional de los derechos de la mujer, aprendamos a amarnos y luchar por nuestros sueños, que trabajar por ellos no nos hace ni malas personas, ni malas mujeres ni malas madres. Somos nada más ni nada menos que simplemente humanas. Aprendamos también a no desistir en la exigencia de nuestros derechos, pues es la única vía para una distribución social más equitativa de los deberes y derechos, la única forma de ganar visibilidad en una sociedad que quiere invisibilizar la importante contribución de las madres en la transformación del mundo, de las generaciones en crecimiento, aprendamos a construir un discurso maternal decente, y por último a no olvidar la instrucción en los aviones cuando hay emergencia: ponte tú primero la mascarilla de oxígeno.

Ilistración: Nathalie Jomard

Ilistración: Nathalie Jomard

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