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¿Migración o desplazamiento y secuestro de habitantes de calle?

26 septiembre 2015

Con esas coincidencias que tiene la vida, justo hace 11 horas El Colombiano publicó sobre los habitantes de la ciudad. (ver artículo) con motivo de la asamblea de la Organización Mundial del Turismo, la ciudad, nuevamente en su plan de “embellecer fachadas” y mostrar “su cara amable”, esconde y maltrata a los habitantes de calle ante la mirada silenciosa, indiferente y hasta cómplice del resto de la ciudad.

Digo coincidencia porque justo hace 11 horas me encontraba en el centro de Medellín departiendo con algunos amigos cerca a Cúcuta con Zea, cuando de repente una desbandada de habitantes de calle corrió calle arriba, y a los pocos instantes llegó el ESMAD.

Lejos de lo que podría pensar cualquier ciudadano, no llegó primero el lado amable de la adminsitración, no llegó la personería a hablar de DDHH, no llegó la Secretaría de Inclusión Social con programas de “resocialización”. NO. Llegó el escuadrón antimotines a atacar a unos ciudadanos que tranquilamente estaban allí, en la calle, su único refugio de una ciudad indiferente, que ha sabido montar parques alrededor del río -talando miles de árboles como contribución al calentamiento global-, pero no ha sabido tener una cara amable con la población desplazada, o que por diferentes razones termina en la calle y en la mayoría de los casos en las drogas o el alcoholismo.

Pero los antimotines no fueron estúpidos, pues al ver que estábamos allí, con un arma de denuncia tan simple como es un celular, encerraron a los habitantes de calle, los metieron en carros, algunos se los llevaron, y luego al ver que estábamos grabando, se quedaron impotentes con los carros vacíos, ahí, de pie, con sus escudos y armaduras, ante personas indefensas que salieron corriendo con sus cambuches. Luego uno subió, y tiró un gas lacrimógeno, pero contuvieron sus ganas de golpear a los indefensos. Le preguntamos a uno que se quedó a nuestro lado -al saber que no nos harían nada- y nos contó la historia:

Los antimotines los encierran, cierran las calles y por diferentes frentes los dejan encerrados, los toman contra su voluntad y los meten en carros -vimos un policía halar a uno del brazo-, se los llevan a casas de encierro donde los mantienen a pan y aguapanela hasta que consideran conveniente, y luego los sueltan. A otros los llevan al hospital mental de Bello, donde los drogan y luego los sueltan,  “salen como autómatas” dice él.

¿Qué pasa si no salen corriendo? preguntamos, ¡pues nos cogen a bolillo! responde. Los maltratan no solo los antimotines, sino también funcionarios de la alcaldía. Nos cuenta que una vez, al verse encerrados, tuvieron que defenderse con piedras, porque era eso o ser golpeados. “El que dirige la operación ese ese gordito de chaleco rojo” y nos señala un funcionario de la alcaldía. “Ese nos pega puños y nos golpea muy fuerte”. En efecto, el funcionario en cuestión parece dirigir al grupo de antimotines.

Los operativos los hacen en cualquier momento de la noche: “a veces nos cogen durmiendo y nos toca salir corriendo con los cambuches, porque sino nos cogen a palo”. No en el día, no para “resocializar”, sino por la noche, para violentar sin ser vistos por alguien que pueda acusarlos, para poder actuar con toda la impunidad del caso.

Con el Esmad llega después la personería -después, no antes-, llega EEVV a limpiar, pues claro, esa es la “ciudad para la vida”.

Los antimotines se quedan de pie, alrededor de una hora al frente nuestro, quizás a espera de que nos aburriéramos y nos fuéramos, para poder ahí sí cometer sus arbitrariedades, que incluyen el uso de balas de goma, que en un ojo pueden ser fatales. Luego uno de ellos no quiere irse sin acción, se acerca a disparar gases lacrimógenos, se acerca un carro y le indica que “ojo que están grabando”, “métale dos” le dice su compañero, ¿para qué? pregunta uno de mis amigos, “no hay necesidad”, el compañero lo anima y le indica “haga su trabajo”, el agente ESMAD nos mira con recelo y se retira.

Esmad esperando que nos fuéramos.

Esmad esperando que nos fuéramos.

Posterior a esto se van todos. Los habitantes de calle inundan nuevamente la zona. Nuestro acompañante nos pregunta: “¿qué van hacer?, yo fuí desplazado de mi casa por la violencia, luego nos quieren desplazar también de la calle, ¿entonces a dónde nos van a llevar?”

Yo me pregunto, ¿cuál era el disturbio, para que llegara el ESMAD a media noche a tirar gases lacrimógenos a unos habitantes de calle?¿Llevarlos a “casas de encierro” no es secuestro? para mí sí lo es, y de nada sirve alardear de las “maravillas” del urbanismo y la infraestructura mientras estas cosas pasen.

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