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Denaoshi

24 junio 2015

Ivan Ilich fue un buen hombre, un buen hombre por el que fue pasando el tiempo y la vida de manera implacable. Hoy recuerdo a Iván Ilich, y recuerdo ese momento tan “social”: su muerte.

Hay dos momentos de la ¿existencia? que al parecer no son de uno, no. Es un absurdo. Más bien, hay dos momentos en la memoria colectiva que, por ser de la memoria colectiva, no son de uno.

Estos dos momentos son el momento antes de nacer y el momento después de morir. En el momento antes de nacer, dependiendo de el momento, puedes percibir o no ciertas cosas del mundo.

Y es allí donde se queda mi mente, en ese momento antes de… Algunos dicen que es vida, otros decimos que es vida, diferente de otros seres vivos, desde cierto momento, otros dicen que no lo es hasta que nace… Y más allá de todo eso está <<lo social>>, lo que se siente.

Ese momento antes de nacer, entonces, no es nuestro, sino de las personas que nos quieren o no… ¿Se le puede llamar humano a alguien que no ha querido ni ha sido querido? ¿es el sentimiento el que determina la existencia?

Hoy ha sido un día triste, y no como cualquier otro, hoy un ser querido se ha ido. Hoy habría que decirle a Sartre y a Tolstoi que no se existe así como así, que se existe también en relación a lo que se siente. Existimos también con la memoria, la memoria dignifica la vida.

Hoy pienso en todas las probabilidades tristes que tuvo ella, ese pequeño y gateador ser amado, y me alegro de que esté aquí con más fuerzas. Pero a la vez me veo desde lejos, como en aquella escena de la muerte de Ivan Ilich, aquella escena en que los vivos se alegraban de seguir muy vivos (en mi caso, me alegro por la vida de ella). Es un poco miserable.

Me queda y debe quedarnos de consuelo que todo en la vida se transforma, que la materia no se crea, ni se destruye, y la vida también es una continua transformación. Denaoshi.

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Es difícil escribir cuando las palabras se atoran en la garganta, en los dedos y en la consciencia. Es difícil escribir cuando se siente algo indescifrable…

Es difícil llorar cuando, a la vez, hay tantísimos motivos para sonreír.

Es extraño cuando ese dolor, que es de otros, también es de uno, pero uno no está allí. Es difícil la distancia.

Impotencia es la distancia relativa que impide los abrazos.

¿Y qué es este escrito? es un absurdo, pero es un acto de memoria, un acto de memoria de eso que se siente, pero no puede expresarse. Nos queda la esperanza de que la vida se transforma.

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