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Contra la jornada única escolar.

7 mayo 2015

Escribo esto justo cuando termina un paro de maestros, un paro en el que se aceptaron las condiciones propuestas por el gobierno, porque lo cierto es que es más fácil en un movimiento sindical o revolucionario comprar a los dirigentes que ceder un poco en lo que pide la inmensa mayoría.

Es insultante, y eso que no soy docente, ver como la ministra se llenaba la boca diciendo que los profesores trabajan apenas 6 horas y ganan más. Algo totalmente contrario a la realidad, si comparamos el salario de uno de estos docentes vs el salario de cualquier profesional colombiano, y peor aún, si a eso le sumamos los salarios que puede tener un político que no tiene que haber estudiado, o un futbolista o una reina de belleza.

6 horas de clase diarias, quizás, horas que no cuentan las horas de calificar exámenes, de asesoría a estudiantes, de preparar clases, de buscar nuevos contenidos, de preparar y calificar talleres, de preparar exámenes, de actualizarse. Si sumamos todo eso la afirmación es absolutamente injusta.

Pero eso no es lo más triste del panorama de la educación colombiana, lo más triste es el modelo y cómo se concibe, un modelo que no está pensado para educar sino para retener al niño porque es un potencial delincuente. Qué diferente fue la propuesta implementada de jornada complementaria en Medellín, por ejemplo, a la actual propuesta de jornada única desde el gobierno nacional. Mientras la jornada complementaria permitía a los niños voluntariamente acceder a ese mismo espacio de clases en actividades culturales, deportivas, recreativas, la jornada única plantea niños que reciben clases todo el día, como si la solución a nuestro atraso educativo fuese la falta de horas de clase y no la calidad de las mismas.

Y la calidad, valga aclararlo, tampoco es culpa de los maestros. Hay que entender algo, y es que los maestros son humanos, y díganme ustedes ¿qué clase de humano se le mide a ver más de 40 niños diferentes cada hora o cada media hora durante seis horas al día? pues sí, los maestros.

Para mí los maestros son unos valientes, y luego de haber estudiado en un colegio y universidad públicas debo decir que son contados los maestros mediocres que tuve, debo destacar allí los maestros de ética y religión, y en algunos casos los de artística, que enseñaban lo mismo cada año. Por cierto, religión, como se concibe actualmente, deberían sacarla del pensum o cambiarla por clases de historia, que bastante falta hacen.

Pero bueno, volviendo al tema, el problema de nuestro sistema educativo es que no está hecho para educar sino para retener al potencial delincuente, basta ver con los titulares de las noticias durante el paro para entender que muchos padres estaban realmente encartados con sus hijos, y los comprendo, porque uno planea su día y sus actividades laborales y de educación y crecimiento personal basado en esos tiempos, pero de ahí a decir que ese “encarte” es culpa de los maestros, como insinuaban nuestros medios asquerosamente manipuladores, hay mucho trecho. Y sí, qué tristeza un país que ve la posibilidad de compartir con su hijo como un encarte.

Asumiendo, modestia aparte, que somos una excepción quienes de verdad aprovechamos en condiciones adversas la educación pública para educarnos, es necesario cambiar totalmente el modelo educativo que tenemos, no importar uno, sino encontrar uno acorde a nuestras condiciones. Las biliotecas escolares deben dejar de ser el hogar de unos cuantos y el sitio de buscar la tarea para la mayoría, quizás por ahí hay que empezar, por inculcar el amor a la lectura. Es bastante triste que para encontrar una educación alternativa desde la primera infancia sea necesario pagar millones anuales, eso aumenta más la inmensa inequidad.

No, el gobierno no debe insistir en evaluar a los profesores bajo un sistema convenientemente ajustado para que sean pocos los que “escalen”, hay que insistir en propuestas educativas novedosas, hechas para nuestro contexto y nuestra realidad, para que estudiar no implique estar en una cárcel, sino en un sitio al que se acude por placer.

Y no lo digo solo yo, acá lo dicen algunos chicos que disfrutaron de la jornada complementaria:

Aquí otras razones por las cuales los docentes no son los culpables del fracaso de nuestro sistema educativo.

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