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¿Y ahora? ¿el “maldito niño”?

4 agosto 2014

Para los organismos gubernamentales es fácil delegar su falta de acción, su indiferencia, omisión y perjuicio, a los efectos del cambio climático, la estocasticidad, a que vino “la maldita niña” y quien sabe qué más cosas.

Lo han dicho respetados columnistas, personas conocidas por su trayectoria en temas ambientales, y es que aquí, en Colombia, poseemos varios males que nos afectan, que evitan que se den políticas agrarias y ambientales coherentes con nuestro contexto social y biológico, enumeremos algunas.

1. La investigación:

Cuando se investiga, se ignoran los resultados de las investigaciones, fue así cuando se aprobó el Glifosato, por ejemplo, pese a las investigaciones en anfibios y peces (entre otras) que mostraban los posibles efectos del herbicida.

En Colombia tenemos el Ideam -entre otros- y a nivel mundial sitios como el de la NOAA comparten información específica sobre el tema que ahora nos concierne: “El niño”, “ENSO – El Niño Southern Oscillation” son algunos de los nombres de este fenómeno, acá en Colombia tenemos dos nombres para el mismo fenómeno, El Niño para la fase cálida y La Niña para la fase lluviosa.

A pesar de que, desde diversos observatorios, se venía anunciando la presencia de condiciones climáticas pre-niño desde abril, solo hasta hace un mes se ha empezado a tocar el tema con preocupación en los medios, preocupación al ver la Guajira en condiciones de sequía, ante el calor intenso, en fin.

La realidad en este punto es una: si vivimos en una zona en la que eventualmente se da o el niño o la niña, debemos estar permanentemente preparados para ambos.

…Pero falta investigación, y falta investigación porque la inversión para investigar es mínima (y ahora seguramente menor si reducen el presupuesto de Colciencias), porque la formación de la mayoría de profesionales es para la técnica y para cosas prácticas, no para investigar. No conocemos nuestro país, ni sus especies, ni sus bosques, ni muchas de sus condiciones especiales, porque eso sí, vivimos en un país bien especial, con gran biodiversidad, pero la estamos amenazando poco a poco.

2. Las políticas ambientales (y los políticos).

Algunos incluso dicen que no hay tal cosa (o al menos no en un sentido que beneficie el planeta). La mayoría de las políticas ambientales, la legislación y demás no obedece a estudios serios, ni hacen caso a los llamados de las diversas instituciones académicas. Por lo general, desde los nombramientos en los ministerios hasta la distribución del presupuesto, normas especiales del congreso y demás, obedecen a intereses políticos personales y no comunitarios, cuando no, obedecen a intereses populistas… “¿Y es que pa’ qué salvar las aguas de Santa Helena si ahí podemos construir un túnel bien chévere que nos lleve rápido al aeropuerto y la finquita?” (ver acá y acá), “¿Pa’ qué cuidar ese bosque y a esos campesinos, si ahí podemos construir una hidroeléctrica?” (como acá, incluso matándolos).

Y es que una cosa es lo que muchos políticos entienden como progreso, y otra cosa lo que realmente beneficia a una comunidad y al planeta. Sería contradictorio de mi parte decir que no a toda la minería, a muchas cosas que tienen sus efectos ambientales negativos, mientras escribo desde un computador y me beneficio de diversas actividades que tienen su impacto, pero sí puedo decir que podemos minimizar esos impactos, que podemos hacer cosas que beneficien más a la comunidad, y que incluso como individuos podemos aportar…

Lo triste es que para estos políticos el impacto no importa, tanto así que en la legislación ambiental los estudios de impacto ambiental son un chiste, pues la empresa que va a causar el impacto es la misma que los financia, y básicamente los únicos que pueden detener estos impactos son las comunidades especiales reconocidas por la ley (como los indígenas) o las comunidades organizadas, como bien han dado ejemplo en Piedras.

3. Los recursos.

Ínfimos y desperdiciados. Ínfimos si los comparamos con lo que el país gasta en guerra, o con lo que otros países invierten en cuidar su ambiente, y en prevención y atención de desastres, desperdiciados si tenemos en cuenta que muchas de las regalías para temas ambientales van a regiones donde no tienen o no saben cómo invertirlas, así que regresan al estado, o se invierten con contratistas amañados (el primo del amigo del alcalde, el cuñado del tío del concejal, y cosas por el estilo)…

Aquí juega un papel clave un mal enquistado en todos los niveles en Colombia, y es la corrupción, no está de más poner el ejemplo que comparte Martha Ruiz, el de AIS… Sí hubo un dinero para riegos y prevenir sequías, pero ese dinero terminó en manos de familias adineradas de la costa.

4. Los empresarios.

Aquí vale la pena mencionar dos grupos de empresarios, los nacionales y los extranjeros, no obstante ambos cuando acumulan poder pueden ser, y de hecho son, peligrosos para el país, a nivel ambiental y social.

El terreno está lleno de denuncias, desde licencias ambientales amañadas o incumplidas, hasta desplazamiento forzado a comunidades, tortura y desaparición auspiciada por grupos armados, con denuncias tanto de los legales como de los ilegales.

Acabamos con nuestra biodiversidad para el beneficio de unos pocos, ellos le llaman progreso mientras tumban nuestros bosques, acaban con las especies que ni conocemos, secan nuestros ríos, ya sea para inmensos monocultivos, para mantener ganado, para extracción de petróleo, oro, esmeraldas, coltán entre otros.

No es cuestión del daño que haga uno solo, la obsesión del gobierno con la “minería ilegal” ignora el impacto del ganado en los extensos peladeros donde solo hay pasto, peladeros que incluso formaron alguna vez parte de páramos (como en Urrao). Entonces conectemos las cosas: si convertimos nuestros bosques y páramos en zonas de megaminería, de monocultivos, de ganadería o exploración-explotación petrolera entre otros… ¿Acaso eso no tiene impacto ambiental? ¿acaso eso no termina afectando los veranos y los inviernos, para que cada vez sean más intensos?

No es el único impacto el que propician, pero tampoco podemos decir que es un impacto menor, y vale la pena añadir que estos empresarios -que no son todos, pero son muchos-, suelen tener gran influencia a nivel político, de hecho, algunos nos atrevemos a pensar que son quienes realmente “mandan” en este país, de manera legal e ilegal (por cierto, ahora que hablamos de verdad y procesos de paz, no podemos olvidarnos de la verdad que hay que saber de muchos empresarios).

Y con “mandar”, se habla desde un impacto legislativo que los beneficie, la distribución de recursos, los POT, la persecución a los pequeños productores, entre otros.

5. El desdén por “lo ambiental”.

Es verdad que hay muchos tipos de ecologismo, y hay diversas personas con opiniones muy diferentes sobre lo ambiental, algunos más desde lo sentimental, otros más desde lo académico, otros desde las pseudociencias, la conspiración y demás. Y es que una cosa es el ecologismo y otra la ecología, y no necesariamente se encuentran, entonces es fácil para la sociedad generalizar al ecologista como el “tonto defensor de pajaritos y mariposas” (como mencionó Ramiro Velásquez) y así, con ese mismo desdén, terminamos creyendo que cuidar las plantas es cosa de hippies, que no importa, y dejamos que en materia ambiental gobierno tras gobierno, tanto gobernantes como empresarios, hagan lo que se les dé la gana (y son muy pocas las comunidades que se puedan citar como excepciones, y las amenazan y persiguen).

6. Dejamos todo para última hora, cero prevención.

De algún modo nos acostumbramos a vivir con pañitos de agua tibia, a vivir al día y a invertir recursos a corto plazo, sin invertir en prevención y educación no vamos a prepararnos para los niños y las niñas que vienen, que seguramente serán peores, y no, no solo por el cambio climático al que todo le adjudican, sino por puntos como los mencionados previamente, relacionados entre sí y que terminan afectando el territorio.

Como bien menciona Brigitte Baptiste, el deterioro acumulado de la tierra es el que precipita los acontecimientos, y me tomo el atrevimiento de añadir: los intensifica, y jugamos (todos) un papel importantísimo en la posibilidad de disminuir ese deterioro.

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