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Interiorizar la inclusión de género antes de exteriorizarla

14 mayo 2013

El discurso de la inclusión de género se ha vuelto bastante  popular en algunos círculos sociales, es bastante aceptado para muchas personas hablar de lenguaje incluyente y cosas por el estilo para hacer más visible nuestro género (el femenino).

Lo paradójico de esta situación es que muchas de las personas que se llenan la boca hablando de lenguaje incluyente son las mismas que de diversas maneras nos discriminan, especialmente en el plano de la sexualidad. Muchas personas que he visto defendiendo a capa y espada la inclusión de la mujer, la equidad, los salarios justos, el poder desempeñar cargos que tradicionalmente han desempeñado los hombres e nfinitos etcétera, luego las he visto criticando a su compañera que es promiscua, o aquella que es homosexual, bisexual, la que es madre soltera, aquella que invita a salir a un hombre, que toma la iniciativa, y muchos otros etcétera.

Debería empezar diciendo que para mí el género no solo es masculino o femenino, que así como se da la diversidad sexual también existe la diversidad de género, por eso creo que más que inclusión de las mujeres, es importante hablar de inclusión sexual y de género, así como de equidad sexual y de género en lugar de igualdad. Está claro también que al menos en Colombia el derecho constitucional es a la igualdad ante la ley, teniendo en cuenta que dicho principio es el que reconoce a todos los ciudadanos capacidad para los mismos derechos, pero en otros ámbitos podría considerarse mejor el uso del término equidad, dado que en un mundo tan diverso como el nuestro, hablar de igualdad puede no tener mucho sentido.

No tiene ningún sentido ser Liberal de palabra y no de actitud (es importante diferenciar el término Liberalismo de lo que es el Partido Liberal Colombiano o muchos partidos “liberales” en el mundo), es absurdo eso de ser “políticamente correcto” de puertas para afuera, de decir cosas solo para quedar bien mientras en casa o con tus amigos más cercanos haces cosas que van totalmente en contra de eso que dices ser.

Por ejemplo, con las personas transgénero o los bisexuales, muchos “liberales” saldrán a decir que les apoyan, pero hay que ver si son los mismos que dicen que “para defender a los homosexuales no tiene que ser uno” (como si alguien le estuviera pidiendo la alcaración, o como si serlo fuese motivo de excusa o vergüenza), o si sienten escozor, molestia, incomodidad y hasta risa cuando tienen al lado a un transgénero. Lo primero es un error común, pues en este país tenemos tan interiorizado el machismo que pareciera existir una necesidad de excusarnos por pensar diferente e intentar día a día sacarnos ese machismo de la cabeza. Quizás en ese sentido yo también he cometido errores, pero nunca es tarde para aceptarlos y cambiar.

Con el tema del lenguaje incluyente debo admitir que siento especial rechazo, entiendo que su objetivo es visibilizarnos como mujeres a expensas de la economía verbal del lenguaje, pero, volviendo a lo que ya mencioné al principio, no solo hay género masculino y femenino (ni sexo), si pretendiéramos un lenguaje realmente incluyente… ¿Cómo vamos a referirnos a todas esas diversidades sexuales y de género?. Prefiero invertir mis energías en pensar cómo incluirnos a todos realmente en esta sociedad más que en pensar en cómo llamarnos, prefiero que entendamos que ese todos, aunque no hable de todas, por ejemplo, nos está incluyendo, olvidar eso es casi como olvidar que en el Español también existe el sujeto tácito y muchas cosas más, es, además de impráctico, absurdo.

En vez de andar pensando en cómo incluir una arroba o un todos y todas los y las en el lenguaje cuando no es necesario, podríamos estar pensando en cómo hacer que las mujeres y los hombres (en especial las mujeres, en vista de que poblacionalmente somos más y aún así el machismo existe, porque también nosotras somos machistas) entendamos que si un hombre y una mujer desempeñan un cargo con las mismas dificultades deberían ganar el mismo salario, que si una mujer no cumple con los estándares de belleza (bastante machistas, podría decirse), igual tiene derecho al trabajo, que el libre desarrollo de la personalidad incluye el cómo vestirse, cómo cortarse el pelo, y si una mujer decide llevar su cabello corto o vestir de una manera diferente al estándar de vestimenta femenina, igual debe ser respetada (en lugar de andar por los corrillos diciéndole “marimacho”), que si una persona decide tener uno o varios compañeros sexuales masculinos, femeninos, transgénero, etcétera, es SU decisión y debe ser respetada, y no por ello merece un trato discriminatorio (por solo poner unos ejemplos, pues el machismo en nuestro país es tan amplio como diverso).

Dejar el machismo es también empezar por los roles que desempeñamos en nuestros hogares, es entender que así como la mujer puede trabajar el hombre puede cocinar, lavar los platos, como barrer o trapear el suelo, entre otras actividades, y claro, no solo entenderlo, sino hacerlo. No hay sexo débil ni sexo fuerte -así la RAE acepte lo contrario-, todos somos seres humanos capaces.

Quizás este sea uno de los primeros pasos para hacer algo contra la conocida violencia de género, es probable que al interiorizar de manera sincera estas ideas podamos en realidad ayudar a difundirlas con respeto, para empezar a hablar de los derechos de todos los seres humanos sin discriminación alguna, para empezar a entender que en un país laico no se puede legislar ni con la biblia, ni con el corán, ni con los vedas… Es, por ejemplo, absurdo que en el congreso al plantear proyectos de ley como el del matrimonio igualitario varios senadores hagan referencia a la biblia, o a una mayoría católica en el país. Para empezar a entender que nadie debe ser golpeado, maltratado física o psicológicamente por su condición sexual o su género.

Y claro, cualquier persona es libre también de estar en desacuerdo con esto que digo, pero es muy diferente que una persona con ideas conservadoras esté en desacuerdo a que lo esté una persona que se haga llamar liberal y defensora de los derechos y libertades. No generalizo, porque tengo amigos que estando de acuerdo con el llamado lenguaje incluyente no son personas con discursos de doble moral, o liberales de puertas para afuera, pero me temo, casi que sin dudarlo, que estos amigos son minoría, el llamado es a los demás, a que cambiemos poco a poco en pro de esas libertades que queremos defender.

2 comentarios leave one →
  1. 14 mayo 2013 2:22 pm

    Complicado tema por sencillo. Porque creería que se puede resumir en palabras: libertad, respeto y derecho. Creo que si todos (y todas jajaja) coincidimos en que el estereotipo y las decisiones son de carácter puramente individual, en que cada quién tiene el derecho de ser como se le venga en gana un derecho además que debe ser constitucional sin discriminación alguna y si por último todos respetamos al prójimo sin juzgarlo dejando de jugar a ser ser los jueces promiscuos del juicio final, el mundo sería mucho más fácil de transitar sin transgredir.
    Saludos.

  2. 14 mayo 2013 9:21 pm

    ¡Amén, hermano!😉

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