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Pacíficamente

5 septiembre 2012

“En el fondo no existe idea a la que uno no concluya por acostumbrarse”

Albert Camus – El extranjero

Nos acostumbramos. Nos acostumbramos a la muerte, a la guerra, a la sed de venganza, al ojo por ojo y diente por diente, nos acostumbramos al maltrato y a la violencia.

Hace años tomé una decisión que consideré radical en mi vida, renuncié a un proceso que también tenía mi corazón y mi sangre, en gran parte porque para mí es y siempre ha sido más importante la amistad y la paz mental… Dicen por ahí que la paz es un estado del alma.

Para nadie es un secreto que creo en la paz, y que creo también en la libertad, creo sinceramente que es algo que vale la pena, y no solo para nosotros mismos, sino para todos los seres que nos rodean. Para mí la paz no se reduce al hecho de que no se dispare una bala, y la libertad no se reduce al no estar secuestrado o en una cárcel.

Creo que esa desición que tomé es, tal vez, de la que más he aprendido, pero también he aprendido en este camino de tropiezos, de aciertos y desaciertos, con preocupación noté que mi pasión por debatir se tornaba en una intranquilidad, y aprendí también que muchas personas no toleran la crítica, o que se lo toman a modo personal, que tal vez nos falta aprender a construir desde el diálogo, pero hacerlo pacíficamente y siempre por las vás del respeto.

A veces, tristemente, el debatir se torna no en un proceso constructivo, sino en una batalla de egos, de insultos, creo que es en esos momentos en que, en lugar de ponerse a enfrentarse, es necesario dar un paso al lado y seguir construyendo de otra manera, y cuando no se encuentra otra manera, alejarse y empezar de cero (bueno, no de cero, con el aprendizaje adquirido).

En estos momentos en que el país entero está opinando sobre el proceso de paz que empieza, no está de más recordarnos que la paz también está en nosotros, que la violencia también está en nuestros actos que, de cierta manera, alimentan un ciclo que es necesario que termine, que así como muchos se han acostumbrado a la guerra, a la muerte, a la violencia, al maltrato, podemos nosotros acostumbrarnos a amar y proteger la vida, a respetar, a no maltratar, a ser pacíficos, no como una palabra bonita que decore un discurso, sino como un acto sincero y a conciencia. Tal vez, luego de acostumbrarnos nosotros, los demás se antojen y también se acostumbren.

Hoy, que nos despertamos luego de anochecer con la triste noticia de la muerte de una de nuestras amigas ConVerGentes, recordando también lo efímero de la vida, creo más que nunca que en este viaje vale la pena intentar ser felices, y la paz, definitivamente, es una de las cosas más importantes para lograrlo, seguramente muchas personas se van a interponer en el proceso, pero no por ello hay que desistir.

“Si no estamos en paz con nosotros mismos, no podemos guiar a otros en la búsqueda de la paz”.
Confucio
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