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Lupe (inevitable-mente)

6 agosto 2012

“Soy escultor del alma,

soy músico y amo en clave del sol”.

Tal vez tenga una obsesión con el tiempo. Resignificar las cosas es regresar al pasado y verlo con otros ojos, tal vez, inevitablemente, siempre lo hacemos.

Digo que tal cosa ocurre de manera inevitable, no nos bañamos dos veces en un mismo río, pues así como el río ha cambiado, nosotros, los que nos bañamos, tampoco somos los mismos. Cada nuevo pensamiento que cruza por la mente puede afectar eso que hemos sido, al fin y al cabo nos vamos construyendo… O destruyendo -o ambas-, como desee verse.

En cuanto a mí, prefiero re-observar películas que libros, sin embargo, me gusta tener conmigo ese pequeño “caos de papelitos”, cosas que encuentras en un café, en un bar, el anotar el nombre de una canción que escucharás meses después. En ese pequeño caos también perduran las frases de las charlas, de algún fragmento de un libro aleatorio, o una simple palabra que se quedó en algún momento en la mente.

Cuando uno se encuentra con una historia, de nuevo, a veces agrada recordar capítulos enteros. Un capítulo de esos hoy me ha llevado a evocar una tarde en el SENA junto a ella: Fresco, en la boca, el sabor de las nueces de la torta de algún sábado mientras jugábamos en silencio a encontrar figuras en las nubes. El silencio es, definitivamente, mucho más valioso, a veces, que cualquier palabra… Y es mucho más difícil hallar en el mundo una persona con la cual compartir un buen silencio que una persona con la cual compartir una conversación.

Puede sonar a cliché cuando digo que me alegro por la suerte que he tenido de encontrarme con personas tan bellas y fascinantes en el camino -y no me importa si así suena-, indiscutiblemente ella es una de esas personas, Guadalupe (o simplemente Lupe), Nicol, Nataly o mi “madre putativa”… No tan simplemente ella, pero inevitable y afortunadamente ella.

Cuando nos conocimos yo vestía de blanco y ella de negro, sin embargo, eran sus ojos claros en los que se reflejaba la tranquilidad, su larga y dorada cabellera permitía -de alguna extraña manera- imaginar ese niño del cual hablaba Saint-Exupery, o un campo de trigo que ha sabido robarse el color del sol.

¿Sabes, Lupe, que hace poco volví a jugar ajedrez y también me acordé de vos? Las tardes sin clase y con partidas casi interminables en las que siempre ganabas.

Nicol también es música, esa calle al lado del colegio siempre va a traer en el aire el recuerdo del sonido de su voz cantando bajo la luna, así como Innuendo siempre traerá a la mente el sonido de su viola o su guitarra.

Inevitable-mente, definitiva-mente, indiscutible-mente, simple-mente, afortunada-mente… O todo sin mente, pues la cordura nunca importó demasiado.

Alguna vez dijiste que la vida era la balada de la muerte y yo te dije luego que ambas danzaban juntas… Sé que ya te lo había escrito en esa bitácora que sin querer se ha borrado, hoy te lo recuerdo, “madre putativa”: Cada segundo de vida es también un segundo de muerte, muerte, al menos, de ese segundo como era, pues se ha transformado -eso creo, eso quiero creer-.

El viento sopla tranquilo, deja pasar los rayos del sol, y en las nubes -cosa extraña- se dibuja tu sonrisa, Nataly.

Pd: ¿Te frijoles (sin tilde) con tajada?

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