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Recorriendo

15 junio 2012

“Un hogar para la vida” (clic en la imagen para ampliarla)

Re-correr.

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Ni siquiera esta ciudad logró que la noche no fuera amarilla. No lo logró ese camino bajo el metro con olor a excrementos, tampoco lo logró el niño haciendo malabares en un semáforo en la Floresta, ni ese señor que vive bajo los árboles en Santa Lucía, bueno, infiero que allí vive, está su cama improvisada con los “desechos” de otros, hay dos ladrillos entre los cuales hay cenizas, y otras cosas que la noche no me permite ver. Los murciélagos abrían sus alas majestuosas, ellos, los reyes de la noche.

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Yo creo que esos Fantasmas de Medellín de Germán Londoño decoran y representan a la perfección esta zona, esta ciudad con el corazón atravesado, herido, fantasmagóricamente. Los fantasmas rondan ese parque lleno de árboles, el mismo donde está ese columpio que ha probado el sabor de mis lágrimas, ahora lo entiendo todo.

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Mi noche no es esa noche que veo, sino la noche que siento, una noche que bien hubiese podido pintar Van Gogh, que también amaba el amarillo. Subo al columpio en Santa Lucía, otro parque, pero un parque solo, solo para mí, a pesar de todo, ya de dolor ha sido suficiente. Sonrío y formo parte del péndulo, por así decirlo, y sonrío más… En cámara fm. suena Yellow.

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*Nota: La imagen que encabeza esta entrada no es tomada en la zona relatada, sino en Cisneros, generalmente no explico las fotos, porque creo que las imágenes valen más que mil palabras (como ya he dicho acá antes), pero haré una excepción: si usted amplía la imagen, ve a alguien de espacio público de pie frente a de una persona dormida en el suelo, persona que algunos llaman habitante de la calle, la persona de espacio público está pidiéndole que se pare de ahí, pronto -en minutos- pasará el Metroplus por esa calle. Ahora sí, pueden sacar sus conclusiones.

Mi conclusión es que Ciro Mendía tenía razón en su Oda Bárbara.

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One Comment leave one →
  1. 17 junio 2012 4:04 am

    El amarillo es color de desorden mental, depresivo (no es soprendente que le gustara al viejo Vincent o a la Kahlo); a lo mejor los taxis de las ciudades son un sîmbolo de ese desorden mental que son las ciudades, creaciôn del hombre, hâbitat humano. En mi infancia, todas las calles eran amarillas, antes de la llegada de la luz de mercurio y, sin embargo, la demencia urbana parecîa menor, o era simplemente que mi ciudad (bogotâ) era todavîa una ciudad provinciana y si la miseria se exponîa igual que hoy en las calles, no se miraba con los mismos ojos desalentados o no era tanta tanta, o los fantasmas que vivîamos en ella no nos habîamos dado cuenta todavîa…
    saludos

    Leonardo Torres (RESPUESTA)

    Por alguna razón wordpress insiste en no guardar mi respuesta a tu comentario.
    Te decía que las ciudades son tan caóticas como los humanos que las habitamos, y que el amarillo es el color que irradia hasta en los cementerios florecidos con guayacanes.

    Bogotá trae fragmentos de todo el país, creo que eso la hace más bella-

    Abrazos.

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