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¿Y si no nos auto-regulamos?

12 agosto 2011

(Sobre un capítulo de Guns, Germs, And Steel by  Jared Diamond) .

En el capítulo “Lethal  Gift of livestock”, el autor nos muestra cómo las enfermedades transmitidas por parásitos han evolucionado en el curso de la historia, desde las primeras infecciones, un poco aisladas y que aún se dan en muchos lugares, hasta lo que llama Crowd diseases (enfermedades de multitudes), las cuales se dan en poblaciones numerosas, y han evolucionado desde los inicios de la agricultura, principalmente.

El hombre, durante el curso de su historia, ha estado en contacto con los demás seres vivos, entre estos los demás animales, ha aprendido a domesticar muchos de ellos y usarlos como alimento, vestimenta, fuerza “bruta”… Y además los ha usado como mascotas, las cuales viven en muchos casos en sus casas, duermen en sus camas…

De estos animales no solo ha obtenido beneficio, también ha encontrado en ellos una inmensa cantidad de parásitos, los cuales al adaptarse a un nuevo hospedero (el hombre) han desencadenado las pestes más aterradoras de la historia, las cuales han disminuido la población humana en colosales cantidades en varias ocasiones.

Es por esto que las grandes conquistas han sido también grandes intercambios de parásitos, ya que mientras una de las partes está adaptada (inmune) a un parásito específico, la otra no lo esta, dicha situación ha facilitado muchas conquistas (especialmente en América), pero también ha dificultado otras.

Al hablar de inmunidad, hay que tener en cuenta que así como los hospederos (especialmente por el que más acostumbramos preocuparnos: el hombre) se pueden adaptar a el parásito, mediante su sistema inmune, los parásitos también se adaptan a las defensas del hospedero, es así como se da una “carrera armamentista” en la que el parásito “aprende” a superar estas barreras, adaptar su ciclo de vida, reproducirse y dispersarse.

Malaria

Glóbulo rojo infectado por Plasmodium vivax

Es decir, ellos también son producto de la evolución y todos sus mecanismos, especialmente la selección natural. Mientras nosotros adquirimos a nivel individual cierta inmunidad (anticuerpos…) y a nivel poblacional, poco a poco se puede dar un cambio en la frecuencia de genes, como ocurre con la malaria y la anemia falciforme… Los parásitos pueden adquirir “nuevas cepas”, resistencia a antibióticos, insecticidas…

Existe la idea generalizada de que un microbio que mata su hospedero, se mata a si mismo, sin embargo, si este microorganismo logra reproducirse y dispersarse a un nuevo hospedador antes de matar a su hospedero inicial, se puede decir que ha cumplido con su “objetivo”.

Regresando a las llamadas “crowd diseases”, es importante tener en cuenta que nuestro crecimiento poblacional y el hacinamiento han favorecido su existencia, cada día nuestra población crece de manera exponencial, las grandes ciudades se expanden llegando a los bosques, donde seguramente hay muchas más especies de animales y con ellas, muchos parásitos que podrían encontrar en nosotros un maravilloso hospedero.

Miles de enfermedades como la Leishmaniosis, que inicialmente pudieron tener un ciclo de vida más selvático, hoy se reconoce su cada vez mayor adaptación a ambientes domésticos (tanto en peri como en intradomicilio), incluso su interacción con reservorios que están en contacto íntimo con nosotros: ratas y animales domésticos, por ejemplo.

Así como un gobierno logró disminuir el “kuru” prohibiendo el canibalismo, tal vez es hora de que nuestros gobiernos afronten con seriedad el acelerado crecimiento poblacional humano, que cada individuo comprenda las miles de implicaciones del mismo, desde el hacinamiento hasta la necesidad de mayor cantidad de recursos alimenticios, de vivienda, vestuario, etc. Esto sin contar con el actual consumismo, que también implica un mayor gasto de recursos y contaminación de los mismos. Si no nos regulamos nosotros mismos, con seguridad algo en la naturaleza lo hará, y un parásito es perfectamente viable para hacerlo.

Post scriptum:

Definitivamente, el hombre no puede llamarse a si mismo “la cima de la evolución”, no cuando la evolución es simplemente un cambio y cuando todos los demás seres vivos han recorrido un largo camino –incluso mucho más largo que el nuestro- y algunos de ellos se han especializado al punto de poder usarnos como su hogar, reproducirse y llegar a nuevos hospederos, muchas veces, sin que nos demos cuenta de ello, tal y como lo han hecho muchos parásitos.

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