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Tiene limites tu libertad?

8 junio 2010

Siempre que se habla de libertad, muchos dicen “pero esa libertad va hasta dónde empieza la libertad del otro”, pero quienes escuchan esa frase no siempre dimensionan su significado.

Pienso en esto cada noche que veo TV y debo tolerar el olor a marihuana que llega desde el primer piso del lugar donde vivo, y claro, yo creo que las drogas deberían ser legales y que deberíamos dejar esa doble moral que se tiene en el tema y de una vez por todas prevenir y educar, pero…

El verdadero asunto que ucurre cada una de esas noches es que el olor es molesto, todas las personas que alguna vez en su vida han conocido el fuerte olor de la marihuana cuando otro la fuma saben de que estoy hablando, y claro, ese vecino ó vecina esta en toda su libertad de “trabarse” en su casa cuantas noches desee (al menos así lo veo yo, aunque eso no este acorde con las normas en este país, donde la dosis personal tiende a prohibirse), pero… Por qué carajos debo aguantarme yo el olor cada noche? ¿Acaso no soy libre, también, de estar en mi casa sin tener que cerrar las ventanas para que ese olor no termine de inundar todo el lugar?

Ya ocurrió una pohibición al respecto con el tabaco, se sabe que no se puede fumar en espacios públicos, en ciertos establecimientos, pasillos y en general, lugares poco ventilados, y eso teniendo en cuenta que el tabaco y el alcohol son “legales”.

Personalmente, creo que algunas cosas deben tener un espacio menos público, pero tenerlo -pese a la indignación de los curitas-, y así no molestar al otro, es decir: si hay bares para el consumo de tabaco y licor, por qué no pueden haber sitios para el consumo de marihuana? ah, claro, porque son “ilegales” y eso pondría en problemas al dueño del lugar.

Es ahí donde se maneja esa doble moral, se sabe que en Medellín son muchos los jóvenes que consumen marihuana -digo sin temor a equivocarme que es la droga más consumida por estos lares-, y en lugar de decirles abiertamente los pros y los contras del asunto, hacemos como el avestruz y por debajo de cuerda se permite que sean los muchachos los que controlen esa situación, y hasta ellos manejan doble moral, porque también se lucran de plazas de vicio, pero cuando no les conviene matan a sus propios consumidores.

Entonces qué pasa? Como ningún lugar es permitido, recurren a cualquiera en caso de esa necesidad, ganas… De consumo, entonces vamos al parque en la noche y allí esta ese olor, caminamos hacia nuestras casas y allí también esta, en pleno camino, y además, entramos a nuestras casas y oh sorpresa, también esta.

Hace poco tuve la experiencia de dictar algunos talleres de blogs en La Esperanza, el horario: sábados de 2 a 5, y claro, cuando se iban llegando las 5pm el lugar se inundaba de ese olor, de la manera más irónica posible, pues ese lugar es justo el centro dónde muchos aprenden sus derechos, deberes y libertades, dónde esta la biblioteca, el punto común, entre otros.

Lo bello de esa experiencia era el ver que los niños, jóvenes y adultos que asistieron al taller estaban aprovechando su tiempo libre de otra forma, aprendiendo a  usar los blogs para contarle al mundo sus historias, pero, lo preocupante es que los niños que allí estaban, desde muy niños, se tengan que enfrentar a estas situaciones en las que no solo se ve vulnerado su derecho a un ambiente sano y su salud, es también el hecho de mostrarles una realidad, que lejos de ser ocasional, entra a la cotidianidad, una realidad para la que un niño no esta preparado, creo yo, y que puede hacer más probable que en momentos dificiles (y hasta posiblemente en los momentos no dificiles, solo por curiosidad) tenga muy a la mano una “salida” en el consumo.

Y no, antes de que lo piensen, no se trata de esconder la realidad, aunque si se trata de que, al menos con los niños, se les respete ese espacio y que en general, la libertad del uno no vaya en contra de la libertad del otro, y para que ambas encuentren un punto equitativo de equilibrio, por así decirlo, que tengan espacios diferentes, sin que ello implique aislamiento social -así como un bar no implica que quien toma este aislado ó condenado al rechazo-.

Tristemente se que todo esto socialmente, en nuestra doble moral, no esta muy bien visto, así que seguiré en medio de mi noche, y tendré que cerrar de nuevo las ventanas de mi casa, aunque ese olor insista en entrar en ella.

3 comentarios leave one →
  1. 8 junio 2010 8:36 pm

    Muy interesante lo que dices de los espacios que se deben asignar a cada cosa, además de la necesidad de concienciar, educar y echar luz sobre los temas tabú para que no sigan haciendo parte del mundo de la doble moral y el debate sobre ellos se dé.

    Desafortunadamente, el hecho de que no existan lugares definidos (aunque tácitamente los haya) para consumir drogas, hace que los consumidores no sólo tengan que buscar cualquier lugar para hacerlo, sino que cada consumidor decide dónde fumar de acuerdo a sus concepciones personales y no por acuerdos sociales que permitan que todos seamos felices.

    Debatir el tema de las drogas es siempre delicado porque -como pasa en casos como el del aborto- cada persona, esté implicada o no en el asunto, asume posiciones diferentes, de acuerdo a lo que vive. También la libertad se concibe de esa forma.

    Francamente, eso de que “la libertad de uno termina donde empieza la del otro” es una visión difícil de llevar a la práctica en una sociedad donde todos estamos inevitablemente en constante interacción e interdependencia. La única forma de encontrar una solución, somo he dicho, es creando acuerdos, que uno cumplirán y otros no.

    Lo difícil de ser el abogado del diablo en este caso es que el estigma de ilegalidad se impone a los argumentos y eso hace asumir posiciones radicales tanto a consumidores como a no consumidores. Este escrito es un paso adelante para construir esos acuerdo tan necesarios.

    De todas formas, dirán, mi opinión es muy parcializada. Sería bueno ampliar el debate al calor de un porrito.

    Un abrazo y un beso,

    Tomáz.

  2. 8 junio 2010 11:11 pm

    Es cierto. A veces, la mojigatería hace mucho más daño que la mismísima ley. Muchas veces, por controlar las cosas que socialmente son malas, se creea el ambiente propicio para el incentivo del consumo de lo prohibido.
    Son temas sensibles, claro, como otros tantos, pero no deja de preocupar, cómo los que están alejados -en este caso- de la marihuana, tengan que soportar el penetrante olor de quienes la fumen. ¿hasta dónde llegan nuestra libertad? ¿y la de ellos?
    Un tema bastante complejo, que obviamente seguirá generando controversia, pero que sin duda no debe echarse en saco roto por quienes nos gobiernan.

    Qué bueno leerla, señorita. Disculpe mi ingrata ausencia!

    Saludito!

  3. 18 junio 2010 2:37 pm

    Tomáz, Estamos de acuerdo en la importancia de crear acuerdos, que, posiblemente no permitan que “todos seamos felices” pero, al menos logren que una gran mayoría -consumidora y no consumidora- pueda convivir sin llegar a la estigmatización, claro esta, falta mucho camino por recorrer, y hay que seguir dando pasos para lograrlo.

    Precisamente la conciencia de esa interacción entre todos puede ayudarnos a comprender que nuestra libertad puede estar afectando la del otro, el olor es un simple ejemplo de 2 vecinos que interactúan en un mismo espacio.

    Nightwriter, estamos de acuerdo, y claro, el tema es bastante complejo, creo que eso hace asombrosa la ligereza con que se ha tratado en muchos gobiernos. Quedas disculpada por tu ausencia, jejeje, como castigo, te toca seguir viniendo por estos lares, jejeje.

    Abrazos y éxitos!

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