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Leed!

26 octubre 2008

Bueno, somos unos desmemoriados, que le vamos a hacer…

Muchos ya olvidamos ESTO, que ocurrió hace algún tiempo en el barrio “El Socorro”, pues hoy me tomo el atrevimiento de recordarles lo ocurrido, en voz de alguien que estuvo en el lugar… Mi hermano.

Recordarán que akenaton y yo escribimos sobre el tema, dándole un énfasis al amarillismo que se manejó por parte de diversos medios que acudieron al lugar, y, como recordarán, incluyendo al programa “camino al barrio” que en esos momentos entrevistaba a algunos de nuestros compañeros de ConVerGentes y luego el programa se dedicó a mostrar personas llorando entre muchas otras cosas…

Esta entrada, igual que la que elaboré hace mucho tiempo NO TIENE FOTOS, sin embargo, recuerdo cuantas visitas llegaron a mi blog buscando fotos del lugar, lo cual fue realmente lamentable, pues demuestra que somos nosotros los que buscamos el amarillismo, y por eso de “el cliente siempre tiene la razón”, somos complacidos…

AHORA SÍ, EL ESCRITO…

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La madrugada del sábado 31 de mayo sorprendió a la ciudad con la noticia de varias casas sepultadas bajo una avalancha en el barrio “El Socorro”, se hablaba de algunos muertos y varios desaparecidos.

Durante el día, varios vecinos del sector, según me lo confirmó alguien que vive cerca del lugar de la tragedia, salieron a tocar las puertas de todas las casas cercanas que aún seguían en pié, en búsqueda de palas y tarros para ayudar en las excavaciones en búsqueda de sobrevivientes. Y es que había sobrevivientes, tanto, que uno de ellos logró comunicarse por medio de su teléfono celular con las personas que desde afuera, trataban de localizar el sitio bajo el cual estaba sepultado.

Fui a la parte alta de la zona del desastre a la media noche del mismo sábado, con algunos amigos con los que había departido esa noche. En esa parte alta de la zona, por donde cruza una carretera que conecta la comuna trece con San Cristóbal; había una planicie que estaba sumida en la maleza; hasta el día anterior, porque con todo y maleza, esa planicie se fue a pique sobre más de veinte viviendas. Allí, había una escombrera ilegal. Ese sitio es llamado “la corona” por parte de los expertos en desastres. En esa corona, un hombre conocido como “el mono” cobraba veinte mil pesos por volqueta de escombros que permitía arrojar desde la cumbre de esa montaña hacia abajo, a lo largo de muchos años; algunos hablan de diez. El mono se conocía como un personaje de mal carácter, según contaban algunos vecinos del sector de San Pedro, desde donde se desprendió esa masa de escombros que ya parecía confundirse con la montaña.

Lo cierto es que ese lote ya estaba abandonado y allí pensaban construir una cancha de fútbol. Siendo entonces la media noche del día de la tragedia, desde la carretera de la parte alta, con los amigos que me acompañaban, decidí cruzar el cerco que separaba la carretera con lo que quedaba de la montaña, era una cinta amarilla que anunciaba el peligro; sin embargo la cruzamos ya que uno de mis acompañantes aseguró que se trataba de tierra firme.

Mirando hacia abajo, en realidad no se lograba identificar claramente la magnitud d la tragedia, porque por la oscuridad no se distinguía bien el rastro que dejó el alud. Pero en la parte baja, en el barrio El Socorro hasta donde llegó la masa desprendida, había buena iluminación para que los organismos de socorro que a esa hora continuaban con su trabajo, siguieran buscando sobrevivientes. Se lograban apreciar varios reflectores que iluminaban el sitio, se veía gente de pié sin hacer nada y un sitio demarcado con cinta roja, que al parecer era en el que se concentraba el trabajo porque al parecer allí estaban las casas sepultadas. Lo más conmovedor, y a lo mejor, lo más desgarrador que pude haber visto en toda la tragedia, fue a una persona en una zona más alta de la que estaba demarcada, en un aparente lodazal oscuro a donde no llegaba la iluminación de los reflectores, caminaba desesperadamente con una linterna, dando vueltas por el sitio… regresando a los mismos lugares que ya había visitado… quizás con la esperanza de ver cualquier movimiento; porque a lo mejor no podía pretender escuchar nada, ya que una planta eléctrica instalada cerca, hacía un fuerte ruido.

Me llamó la atención que una persona estuviera con una linterna, arriesgando su vida, de noche en el lodazal, buscando a algún pariente que quizás emergiera del lodo; mientras otros estaban apostados detrás de la zona demarcada, solamente observando. Yo, que también estaba observando, me preguntaba por qué esas personas no ayudaban a excavar, y por qué se veían palas y canecas desocupadas. Pregunté a Andrés, un amigo vecino de San Pedro si podíamos bajar a ayudar, ya que no soportaría ir a dormir tranquilo luego de lo que acababa de ver. Entonces me respondió que los organismos de socorro estaban cumpliendo una labor técnica en la que nosotros podíamos interferir más que ayudar, de manera que estuve incómodamente resignado.

Luego, apareció Jonathan, un amigo que vive aún más cerca de la corona, dijo que alcanzó a ver el momento preciso luego del desprendimiento. Narraba que hubo un sonido muy fuerte que lo despertó, era como el sonido de varias volquetas que descargaban gravilla por una interminable pendiente, cuando se asomó por la ventana, ya la suerte estaba echada, sólo vio una inmensa polvareda. Jonathan también me confirmó que no podíamos bajar a prestar ayuda, ya que nos lo impedirían los que venían coordinando los trabajos.

Amanecí en casa de Jonathan ya que estaba muy tarde. A las seis de la mañana, con la mamá de Andrés, decidí bajar a la zona del desastre, no pude soportar la curiosidad de saber qué podía yo hacer; ya que sólo se había dicho que hacer algunos donativos.

Lo cierto es que cuando llegamos a la parte de abajo, no hubo el más mínimo impedimento para ingresar. Había varias personas en huecos de dos metros de profundidad aproximadamente en la zona demarcada, sacando tierra en canecas mediante cadenetas humanas. Sin embargo, había también muchas personas que no estaban haciendo nada, entre ellas, vario soldados que habían enviado para apoyar la labor. Había varias palas y tarros desocupados, lo que contrastaba con lo que había observado en los noticieros en el sentido de que estaba al tope toda la colaboración posible.

En la parte de arriba, cerca de donde estaba el sujeto de la linterna la noche anterior, también estaban varias personas cavando un hueco, ya que allí estaba la primera casa que sepultó el alud. Había un colchón rescatado, que tenía una parte ensangrentada y algo de ropa alrededor, decía una señora que se trataba de la dueña de la primera casa sepultada que había sido recuperado su cadáver el día anterior.

Cuando llegué a la zona demarcada con la cinta roja, observé una cadeneta humana de soldados, cadeneta que parecía más bien inhumana, ya que trabajaban estos hombres con el más absoluto desinterés y desgano. Reflexioné a cerca de aquellas personas que no contribuían decididamente con este penoso pero necesario trabajo; y mirando alrededor y especialmente hacia arriba, se lograba ahora si, notar la imponencia aterradora ante de la magnitud de lo ocurrido, de manera que era ridículo lo que las manos de incluso varios hombres podían hacer frente a tanto desastre.

Me uní de inmediato a la cadena de los soldados, porque la noté insuficiente, no era para nada exigente el trabajo allí, pues a pesar de que me ubiqué en el extremo, es decir, que recibía el balde, lo vaciaba y lo devolvía, estos hombres no me exigían a pesar de mi trasnocho y forma de vida sedentaria.

Al tiempo, llegaron personas ofreciendo agua y café. Transcurrió la mañana cuando llegó el Ministro de transporte y se puso al frente de la labor de rescate, frenó el trabajo de los que estaban al interior del hueco y dirigió el trabajo de dos retroexcavadoras que también parecían inútiles frente a la montaña que les esperaba.

Me llamó sobremanera la atención, que cuando llegó el ministro, los soldados tuvieron una inyección inexplicable de ánimos y energías para trabajar, y luego, cuando llegó el Ministro de la Defensa, parecían unas incansables locomotoras trabajando.

Antes de que llegara el Ministro de la Defensa, había llegado el Alcalde con la Primera Dama, había llegado un sofisticado e imponente helicóptero que se paseó por encima de nuestras cabezas, quizá obteniendo una vista panorámica, pero haciendo insoportable nuestro trabajo. Más tarde llegó el Personero, algunos Concejales, el Gobernador y el Presidente. Ya las máquinas habían adelantado gran parte del trabajo que pretendíamos hacer manualmente con el propósito de encontrar algún sobreviviente o de no estropear algún cadáver. A lo que no le puso mucha atención el Ministro de Transporte que aún comandaba todas las labores, fumando su cigarrillo mientras le recordé que había una fuga de gas cercana.

Había una casa apunto de derribarse, con la ayuda de la máquina se derribó una parte y sus dueños entraron a recuperar algunas pertenencias, luego de lo cual se derribó totalmente y se prosiguió con el avance de la retroexcavadora.

Por otra parte, el Alcalde que se ha distinguido por ser de buen carisma, estaba huraño; a lo mejor sintiendo que parte de la responsabilidad de lo sucedido podía ser parte del Estado y más concretamente del Municipio. Pero ya el mismo Alcalde desde el día anterior se había intentado lavar las manos, (según me dijo Andrés, que fue quien lo recibió en la corona) al molestarse con la comunidad vecina de la parte alta, dizque por ella haber permitido que se hubieran arrojado escombros allí durante tanto tiempo. Había dicho también en los medios que denunciaría penalmente a “el mono” por el delito de homicidio y que el municipio se haría parte civil en el proceso para perseguir compensaciones económicas.

También prohibió la circulación de escombros en Medellín en las llamadas “zorras”

Ya era insostenible que la alcaldía se deshiciera de su responsabilidad, ya las personas de la parte baja, es decir, de El Socorro, habían dicho que la tragedia estaba anunciada y que desde hacía mucho tiempo se había avisado al SIMPAD. (Entidad que atiende estos eventos en Medellín).

Por la tarde, ya se había clausurado otra escombrera ilegal vecina, aunque al parecer inofensiva, se había demolido una vivienda que aún estaba en la corona y que hubo controversia por su demolición ya que los dueños alegaban que no estaba en zona de riesgo. Aún así, la demolieron y los dueños anunciaron demandas.

Al otro día, lunes festivo, se rescató el último cadáver, el número 27, al parecer de una joven. Ya había una retroexcavadora ubicada en la zona donde estaba el hombre de la linterna.

El martes, en el Concejo de Medellín, hubo fuertes críticas al Municipio por permitir el funcionamiento de la escombrera, incluso, hubo quién señalara al Alcalde como el culpable. Se programó el debate para el lunes siguiente.

Durante la semana se observaba que los numerosos damnificados padecían sus respectivos duelos, el que más conmovió a la opinión fue el de una familia que perdió a varios de los suyos, entre ellos a un joven a quien le preparaban una fiesta por sus quince años. Se supo el drama de una señora llamada Denise, que al perecer había insistido a las autoridades sobre el riesgo del alud. Denise estaba muerta al igual que una joven que estaba en embarazo, por lo que algunos hablan de 28 muertos.

Algunos expertos en el tema, dijeron que el deslizamiento duró 40 segundos y que el día viernes fue el día más pluvioso en Medellín en los últimos años.

Al viernes siguiente, me informa Lucas, miembro de la JAL de la comuna trece, que ellos mismos habían llamado la semana de la tragedia al 123 y reportaron la emergencia sin que les tuvieran en cuenta, me entregó documentos que lo demostraban pero que debían ser cotejados con las direcciones para que hubiera seguridad de que sí se trataba del mismo evento.

El domingo, visité la JAC de El Socorro, y con los líderes de allí verifiqué que la dirección que me había dado Lucas no era la del deslizamiento, pero mientras hacíamos un comunicado y analizábamos datos exactos sobre número de víctimas en total que proporcionaba Hernán, presidente de la JAC, quien coordinaba toda la entrega de ayudas, llegó una persona al sitio en que estábamos reunidos y nos entregó una carta suscrita por María Ruby Ochoa, una habitante de El Socorro, quien al parecer murió; dirigida al Área Metropolitana con fecha Octubre 7 de 2003 donde manifestaba que la Señora Denise Mejía había alertado sobre la tragedia, ahora sí con los datos precisos de la escombrera y manifiesta que la escombrera “se puede caer y ocasionar muchos daños sobre nuestras viviendas” La Señora Denise como ya se mencionó, murió sepultada.

No era necesaria ninguna otra prueba. Esta era absolutamente contundente. El Estado ya sabía. Era la víspera del debate en el Concejo, hablé por la noche con Albeiro Sánchez, Presidente de la JAL de la comuna trece, quien tenía videos y preparaba su intervención sobre otra gran escombrera, esta si legal pero mal manejada “Escombros Sólidos Adecuados”. Lo cierto es que el tema de las escombreras ya era de primer orden y por falta de control sobre las mismas, el Estado era el culpable.

Ya para nosotros lo de El Socorro estaba claro. Era responsable el Municipio, primero por permitir que funcionara la escombrera ilegal, segundo porque cuando la clausuraron hace aproximadamente cuatro años, no la clausuraron bien, es decir, asegurando que no hubiese posteriores problemas, y tercero, porque ya el Municipio tenía la alerta dada por la misma comunidad y no hizo nada.

Llegó el día del debate y se escuchó a la comunidad, a la Administración Municipal e intervinieron los Concejales; se trató el tema de la tragedia en particular de El Socorro y el tema de las escombreras en general. Las conclusiones fueron que la tragedia se debe a varios factores. La alta pluviosidad que se presentó el día anterior, toda el agua que bajaba por la carretera de San Pedro y que no estaba bien manejada se filtraba hacia la escombrera, unos pequeños lagos que estaban ubicados en la parte de abajo de la montaña que al parecer eran criadero de peces, y desde luego la ineptitud del Estado en el tratamiento de el riesgo.

El director del SIMPAD dijo en el Concejo que todo el tiempo estuvo coordinando las labores de rescate, (lo que es falso puesto que un ministro lo hizo todo un día) y que hubo una buena atención. Los Concejales manifestaron que el SIMPAD está muy poco bien dotado para la responsabilidad que le compete pues en Medellín hay una enorme cantidad de riesgos. La comunidad solicitó que el SIMPAD sea una entidad descentralizada con recursos propios y mayor capacidad de prevención y reacción, pues actualmente es un simple apéndice en el Municipio.

En general en el tema de las escombreras se hicieron varias denuncias de escombreras ilegales y de los problemas que generaban para los vecinos las que incluso eran legales. La alcaldía presentó un documento en el que constan las denuncias de varias escombreras ilegales, temas de tratamiento por las inspecciones de policía y observé que en el mismo informe de la alcaldía, estaba incluida la denuncia de la escombrera ilegal de San Pedro, que ya no existe. Un concejal responsabilizó al Alcalde actual quien anteriormente era el Secretario de Gobierno a cargo de las inspecciones de policía que debieron haber hecho frente a este tema.

Por último, es de esperarse una serie de demandas de estas víctimas en contra del Municipio, y que están llamadas a prosperar sin dificultad alguna, ya que en un proceso de responsabilidad del Estado, basta con las pruebas ya mencionadas de los requerimientos de la comunidad, para que haya condenas multimillonarias.

En el tema de las escombreras, ya el Alcalde anda con las pilas puestas recorriendo varias de ellas y buscando alternativas. En el Concejo hay un proyecto de acuerdo sobre el manejo responsable de escombros que busca que no se le de licencia de construcción a ningún constructor hasta tanto no certifique el correcto manejo de sus escombros.

Los damnificados de El Socorro aún necesitan ayudas, al parecer les estaban ofreciendo subsidios de arrendamiento por tres meses, lo que es insuficiente. No se sabe a dónde van a ir.

2 comentarios leave one →
  1. 26 octubre 2008 10:40 pm

    En la localidad en que vivo llueve frecuentemente, cuando las lluvias son muy fuertes en las veredas las quebradas se desbordan y hay derrumbes constantes que desatan tragedias similares a la que cuentas.
    Y de la misma forma en que sucedió en El Socorro, los damnificados son quienes tienen que hacerse cargo de las labores de rescate, reconstrucción y gestión porque el trabajo del estado es insuficiente. El alcalde hace acto de presencia en su toyota paramilitar, se pone unas botas y camina mirando las consecuencias, hace una oración y se va. Suele suceder. Sobra decir que es admirable el trabajo que desempeñaste, algunos le llaman “solidaridad”, yo opino que es tu forma de ser.
    Por otra parte, es triste ver que a veces quienes desatan las tragedias son los que menos apoyan cuando éstas cosas ocurren. La bandera de Colombia es amarilla en un 50% por el amarillismo de sus medios de comunicación, cada vez está uno más seguro de que la riqueza realmente es poca y se refugia en personas como tú.
    Recibe un abrazo de esos que forman cadenas humanas desde Don Blog Pérez.

    Tomáz (RESPUESTA)
    mmm, veo que no quedó claro, el escrito y la narración de lo ocurrido en el lugar fue hecha por mi hermano, como bien dije, yo me hubiera puesto a llorar y eso no ayudaría mucho.

    sinceramente aplaudo la actitud del alcalde, a diferencia de los otros políticos si ayudó bastante en el lugar, los otros solo fueron a dar declaraciones a la prensa para quedar como héroes, entonces la retroexcavadora aparece cuando llega uribe, claro, si a el no le importa que la gente que cava buscando cuerpos de su familia encuentre a sus seres queridos…

    …ya si te refieres al alcalde de los lares por los que vives es otro cuento.

    mil gracias por todo, abrazos🙂

  2. 30 octubre 2008 1:00 pm

    Completamente de acuerdo ¨con eso de que el amarillismo lo buscamos nosotros mismos, escribí el texto sobre las cadenas que se envían por correos de fotos con muertos, mucha sangre y las fotos de Luis Santiago y de un momento a otro se convirtió en la segunda entrada mas visitada, que tristeza….
    Felicitaciones por tu labor…
    Concuerdo con Tomaz, el amarillo en la bandera no es de riqueza sino de amarillismo, cada vez es mas fácil identificarse con los símbolos patrios de forma muy suspicaz. Como lo del ave nacional, un águila negra, o la planta nacional, adivinen cual es?

    Gurzaf (RESPUESTA)
    me alegra que concuerdes con eso, por desgracia, gran parte de mi familia vino a preguntar si teníamos en el computador las fotos de ese niño muerto…
    querían verlas… ¿para qué? ¿de qué les sirve?

    abrazos

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